Campos de exterminio en Corea del Norte
Por: FRANK LÓPEZ BALLESTEROS
2-3-2014
Hay posibilidad de que el dictador Kim sea llevado a la justicia internacional
Ratones, serpientes y monte se convirtieron en los únicos alimentos por el que la señora Kim Young Soon y su bebé pudieron alimentarse durante su reclución en los "Kwanliso" -los campos de prisioneros políticos de Corea del Norte-, mientras la caza de roedores, entre presos, era vital para sobrevivir.
Como ella, otros 240 norcoreanos relataron a un comite de la ONU sus sufrimientos, lo que abre la posibilidad de que las autoridades del régimen comunista tengan que saldar cuentas ante la Corte Penal Internacional (CPI) por crímenes de lesa humanidad.
"Tuvimos que comer todo lo vivo, cada tipo de carne que se podía encontrar, cualquier cosa que volaba, que se arrastrara por el suelo. Hierba que crecía en el campo se tenía que comer. Esa es la realidad de un campo de prisioneros norcoreanos", contaba Kim, cuyo testimonio es una radiografía de las atrocidades que Pyongyang comete contra sus presos, sin importar el delito imputado.
La comunidad internacional nunca descartó ni negó que Norcorea cometiera actos de esta magnitud, por lo que este informe, que se entregará en marzo al Consejo de Derechos Humanos de la ONU, es una prueba de consenso global que debería forzar a tomar medidas.
Retratos del horror
El informe presentado en Ginebra por la ONU el 17 de febrero desnuda a un Estado que comete crímenes que incluyen exterminación, asesinato, esclavitud y tortura, así como persecución por razones políticas, religiosas o raciales, sin que exista beneficio de justicia.
En Corea del Norte, donde todo debe quedar en familia como regla que rige el poder, la dinastía comunista de los Kim acentuó desde hace 50 años un régimen represivo donde ahora, Kim Jong Un, al mando, busca marcar su propio estilo infligiendo miedo.
Al interior de un Kyohwaso
Se calcula que entre 80.000 y 120.000 presos políticos se encuentran actualmente detenidos en cuatro de los 16 campos de detención, donde el hambre se utiliza deliberadamente como método de control y castigo, contaron las víctimas.
Durante años, los condenados en las Kyohwaso (prisiones corrientes) y las Kwanliso que han logrando salir en libertad y huir fuera de Norcorea, contaban que la hambruna era una regla de castigo para los reos no últiles para el sistema.
Kang Chol Hwan testificó que, durante sus 10 años en un Kwalinso, enterró los cuerpos de más de 300 personas que habían muerto de inanición o desnutrición. Las raciones de comida fueron proporcionados una vez al mes y por lo general consistían en granos de maíz que no duraban más de 15 días.
A las violaciones a la alimentación se suman delitos sexuales que han hecho que las mujeres y niñas sean vulnerables al tráfico y trabajo sexual forzado fuera de Corea, especialmente en China, país que luego las deporta y tras el proceso son sometidas en su país torturas, según los testimonios.
"Las repatriadas embarazadas son sometidas muchas veces a abortos forzados y con frecuencia matan a los bebés de las repatriadas", reza el texto.
Pyongyang ha respondido que las denuncias de la comisión de la ONU son falsas y forman parte de una campaña en su contra, una reacción común, tomando en cuenta que el gobierno comunista no ha permitido inspecciones de la Consejo de Derechos Humanos.
Marzuki Darusman, uno de los investigadores sobre derechos humanos en Corea del Norte, y coautor del reciente informe, compara el daño en ese país con el holocausto judío, comentaba al diario El País.
Que Kim Jong Un y su círculo respondan por estos delitos ante la CPI dependerá de la decisión del Consejo de Seguridad de la ONU, una opción poco realista por el veto que puede aplicar China. Mientras, Norcorea se sigue promoviendo como la nación más feliz del mundo.