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| Foto: Claudio Fuentes Madan |
Regreso a mi casa. Prendo el televisor y está el noticiero. Fritz Suárez Silva delira sobre un comunicado de Osama Bin Laden. Dudo de mis sentidos. No entiendo si defiende a los terroristas o si habla mal de Obama. Me fundo y apago el televisor. Quiero saber qué pasa en Egipto pero en la televisión cubana lo manipulan todo. Vuelvo a asomarme a la ventana y recuerdo las fotos de la revolución verde iraní. Me da nostalgia. Es ridículo sentir nostalgia por algo que no se ha vivido. Recuerdo el seis de noviembre y a toda la parada de G y 27 mirando con la boca abierta y los ojos estúpidos cómo un grupo de hombres de civil metía a la fuerza a tres mujeres en un carro. Me río. No puedo imaginarme las calles de este Vedado inundadas de jóvenes pidiendo democracia.
No me voy a poner pesimista: siempre me queda la red. Cuando me conecte a Internet se me quitará este mal sabor de la boca. Esta sensación de mundo cambiando y yo en otro planeta. Olvidaré los tres carros negros de Raúl Castro paralizando aún más, aunque parezca imposible, el tiempo de mi realidad. Recordaré que los espacios públicos ya no tienen por qué ser materiales. Volveré a sentir que es posible, que un día va cambiar, que la libertad de mi vida en la red será un día la de mi vida en la calle. No importa cuánto falte. Yo sabré esperar.
