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Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.

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Otro paso más de Lugo hacia una dictadura “bolivariana”

Otro paso más de Lugo hacia una dictadura “bolivariana”. Al margen de la buena calidad de gestión cumplida por los recientemente destituidos ministros del Interior y de Obras Públicas, ha causado sorpresa a la ciudadanía el poco creíble motivo aducido por el presidente Lugo como causal de sus remociones: por hacer política partidista desde los cargos que ocupaban. Si fuera por eso, el primero en ser destituido debería ser él. Lugo está siguiendo metódicamente, y de forma cada vez más desembozada, la hoja de ruta pergeñada por Chávez. Sus pasos son sigilosos, pero sistemáticos, hacia el copamiento del poder militar y administrativo del Estado. Nuestra clase política debe estar atenta para desbaratarle su intención de instaurar una dictadura “bolivariana” en nuestro país.

  ABC Digital
Al margen de la buena calidad de gestión cumplida por los recientemente destituidos ministros del Interior y de Obras Públicas y Comunicaciones, Rafael Filizzola y Efraín Alegre, ha causado sorpresa a la ciudadanía el poco creíble motivo aducido por el presidente Fernando Lugo como causal de sus remociones: por hacer política partidista desde los cargos que ocupaban. Si fuera por eso, el primero en ser destituido debería ser él. Hace solamente eso desde que asumió.

Hace algún tiempo, en oportunidad de las inopinadas destituciones del entonces director general de Aduanas, Javier Contreras, y del presidente del Indert, Eugenio Alonso Massare, el presidente Lugo se vio obligado a reconocer que tomó la decisión por “presiones políticas”, cuando fue embretado por dirigentes de los gremios de la producción para que les contara los reales motivos que tuvo para sacarlos de sus cargos, habida cuenta de que estaban cumpliendo una buena gestión institucional.

En cierto modo, desde que Lugo asumió el cargo, la gente se ha acostumbrado a su llamativa renuencia a explicar las razones de Estado en que se fundamentan sus medidas de gobierno. Tanto él como sus colaboradores cercanos acostumbran esgrimir lo que por obvio nada explica: que es su potestad constitucional nombrar y remover a los funcionarios de la administración pública. Lo que a menudo el Presidente se olvida de tomar en cuenta es que la contrapartida de sus atribuciones es su obligación de dar cuenta al pueblo de sus actos de gobierno. Para eludir esta responsabilidad democrática, el presidente Lugo recurre a menudo a metáforas, como aquella enrostrada a periodistas en Argentina acerca del motivo de los masivos pases a retiro de remesas enteras de oficiales superiores de las Fuerzas Armadas: “Para inyectar sangre joven”.

La renuencia del Presidente de la República a dar cuenta al pueblo de sus actos de gobierno solo tiene dos explicaciones posibles: cobardía moral para asumir la responsabilidad de ciertos actos desaprobados por la conciencia pública, o la solapada intención de avanzar planes políticos subrepticios atentatorios contra el orden constitucional de la República. Aunque todavía alguna gente cree en las buenas intenciones del Presidente, en el sentido de que está empeñado en sacar adelante al país, y que con este fin tiene que superar las inercias políticas, sociales y económicas que se oponen al cambio, resulta cada vez más evidente que, por debajo de esta aparentemente loable iniciativa, en verdad subyace un tenebroso plan político que apunta a un gradual socavamiento de las instituciones democráticas de la República para, llegado el momento, dar un golpe de Estado “democrático” siguiendo el manual de procedimiento utilizado por Alfredo Stroessner para derrocar al gobierno de Federico Chaves en mayo de 1954, mediante un golpe militar, para erigirse luego en virtual dictador vitalicio. Libreto modificado por Hugo Chávez cuando falló su golpe militar en febrero de 1992, optando por la vía democrática para acceder al poder, y ya con las riendas de este en sus manos, sustituir esta vía por un atajo dictatorial calcado del modelo comunista de Cuba.

Siguiendo al pie de la letra el “manual” bolivariano de Hugo Chávez –con sus petrodólares como incentivo– Evo Morales consiguió reproducir exitosamente en Bolivia el autocrático modelo de su mentor caribeño. Por su parte, en Ecuador, Rafael Correa avanza sin prisa, pero sin pausa, su marcha hacia la consolidación de una dictadura también calcada de la que Hugo Chávez está empeñado en “exportar” a los demás países de la región. El Paraguay es actualmente la prioridad política estratégica del gorila Hugo Chávez, tanto para concretar el ingreso de Venezuela al Mercosur como para ayudar, por todos los medios, al presidente Fernando Lugo a dar un golpe de Estado “bolivariano” e implantar en nuestro país una dictadura, siguiendo puntillosamente el manual chavista; o, lo que es lo mismo, el que hace más de medio siglo utilizó Stroessner –aunque por otro medio– para perpetuarse en el poder, destruyendo las libertades públicas y oprimiendo al pueblo.

Por su parte, aquí, Fernando Lugo está siguiendo metódicamente, y de forma cada vez más desembozada, la hoja de ruta pergeñada por Chávez. Sus pasos son sigilosos, pero sistemáticos, en la dirección del copamiento del poder militar y administrativo del Estado. Ahora, con el nombramiento como ministro del Interior de su viejo amigo sampedrano, comisario general Federico Acuña Araújo, el presidente Lugo ha dado un paso crucial hacia el control efectivo de la Policía Nacional. En realidad, resulta sumamente llamativa la coincidencia de que el sucesor de Rafael Filizzola en el cargo sea precisamente el mismo a quien al asumir el gobierno Fernando Lugo designó como comandante de la Policía Nacional. Como se sabe, meses después de su nombramiento, Filizzola le destituyó bajo cargos de corrupción. Retrotrayendo al presente aquel incidente, pocas dudas caben de que el presidente Lugo, al nombrarle en ese cargo al comisario Acuña, tuvo la secreta intención de iniciar con la Policía el control personal de la fuerza pública.

Cabe suponer que en aquel tiempo el entonces nuevo ministro del Interior, Rafael Filizzola, no podía haber imaginado siquiera que al destituir al elegido del Primer Mandatario estaba desbaratando una incipiente conspiración política destinada a manipular a las fuerzas policiales. No resulta descabellado, entonces, concluir que a raíz de este fortuito incidente institucional se truncó el plan de masiva remoción de efectivos en los cuadros policiales, pasando entonces a hacer lo propio en las filas de las Fuerzas Armadas. Hay que dar por sentado, entonces, que ahora se va a iniciar un drástico reacomodo en el estamento superior de las fuerzas policiales, semejante a las razias llevadas a cabo por Lugo en filas de las Fuerzas Armadas con anterioridad, con la finalidad de conformar una pirámide de mando ideológicamente proclive al bolivarianismo impulsado por el Presidente en nuestro país.

Para ganar la presidencia de Venezuela por la vía democrática, Hugo Chávez se valió de un conglomerado de pequeños partidos políticos, sin mayor predicamento a nivel nacional, pero suficientemente agresivos como para impulsar una recia campaña electoral. Aquí, Lugo está haciendo lo mismo por medio del Frente Guasu, que a lo sumo representa el uno por ciento del electorado nacional.

Nuestra clase política debe estar atenta para desbaratarle a Lugo su intención de instaurar una dictadura “bolivariana” en nuestro país.
20 de Junio de 2011
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