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Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.

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Ozzie Guillén “bautizado” en Miami. Por Jorge Ramos

18-04-12
Jorge.Ramos@nytimes.com

Jorge Ramos es periodista, ganador del Trofeo Emmy, director senior de

noticias de Univision Network. Nació en México y es autor de nueve libros

de gran venta, el másreciente A Country for All: An Immigrant Manifesto

 

Llevo casi un cuarto de siglo viviendo en Miami y sé que cuando alguien

llega a esta ciudad lo más probable es que sea sometido a un simple pero

feroz interrogatorio: ¿estás a favor de la dictadura castrista o en su

contra?

 

La respuesta, inmediatamente, te clasificará como un amigo o un enemigo

del exilio cubano. Este ritual es lo que yo llamo el bautizo de Miami.

 

Nadie importante se escapa. Políticos, diplomáticos, deportistas y artistas

pasan por este "bautizo". Una vez que pisan tierra miamense, un periodista

o un exiliado se encargará de hacerles la pregunta. Y está prohibido responder

"no sé" o "déjame pensarlo un poquito más."

 

Es una cuestión de sobrevivencia. Se trata de definir quién está contigo y

quién en contra. En esta comunidad hay mucho dolor y resentimiento; cientos

de miles huyeron de la dictadura comunista y lo perdieron todo. Esa pregunta

busca, al mismo tiempo, concientizar sobre el brutal régimen y crear alianzas

para su inevitable y futura desaparición.

 

Inevitable porque no hay castrismo sin Fidel y Raúl, y los hermanos ya están

ahora en sus 80 años de edad. Desafortunadamente, las revueltas que han

derrocado a dictadores y tiranos en el mundo no han tocado a los Castro. Los

53 años de su sangrienta dictadura, durante los cuales los dos hombres han

decidido el destino de millones de sus compatriotas, han sido caracterizados

por la represión, falta de libertad y ausencia absoluta de democracia

multipartidista.

 

Ozzie Guillén, el nuevo manager del equipo de béisbol de los Marlins de

Miami, recientemente dijo a un reportero de la revista Time que amaba y

admiraba a Fidel Castro, lo que ofendió profundamente a muchos exiliados

cubanos y cubano-americanos residentes de Miami.

 

Cuando sus palabras se conocieron en los primeros días de este mes, la

cólera de los aficionados de los Marlins fue tal que Guillén tuvo que disculparse

y el equipo lo suspendió por cinco juegos.

 

La comunidad cubana de Miami es implacable respecto a este asunto, y tienen

derecho a serlo.

 

Las dictaduras deben ser criticadas y condenadas persistentemente, sin tregua. El Premio Nobel de la Paz Elie Wiesel, sobreviviente del Holocausto, lo dijo

mejor que nadie: ''Debemos tomar bandos. La neutralidad ayuda al opresor,

nunca a la victima. La acción es el único remedio contra la indiferencia''.

 

Es por ello que son vergonzosas las imágenes del reciente viaje a Cuba del Papa Benedicto XVI en la que aparece estrechando la mano de Fidel Castro.

Al elegir esa muestra de solidaridad y permitir que sea difundida, el papa optó

por el bando de los opresores, en lugar del de los oprimidos. Tal como lo hizo el presidente de México, Felipe Calderón, durante su viaje reciente a La Habana,

el Papa rehusó entrevistarse con las Damas de Blanco y otros disidentes

cubanos.

 

Estas decisiones fueron sumamente ofensivas para la comunidad del exilio

cubano en Miami. Cada vez que líderes mundiales realizan visitas amistosas

a La Habana, permiten ser fotografiados con un sonriente Fidel o rehúsan llamar

''tiranos'' a los Castro, confirman la convicción de los inmigrantes cubano y cubano-americanos residentes en Miami de que el mundo ha dado la espalda a los

cubanos comunes.

 

La ciudad de Miami tiene un extraño aire de transición: estamos aquí, parecen

decir muchos cubanos, pero sólo hasta que Cuba sea libre. Esa sensación de impermanencia se vio reforzada por la llegada de nicaragüenses que huían de los sandinistas,colombianos escapados del conflicto civil y venezolanos que escapaban de Hugo Chávez. Cada crisis en América Latina significa que más apartamentos son arrendados en Brickell y Miami Beach, y más casas son

alquiladas en Hialeah y Kendall.

 

Miami es un refugio, un lugar donde la gente espera el cambio, y que cicatricen

las heridas, mientras se preparan para regresar a sus hogares. Pero el retorno

de los exiliados cubanos se ha visto pospuesto durante más de medio siglo y

no parece estar cercano un fin para su espera.

 

El Muro de Berlín ha sido derribado; el Bloque Oriental ya no existe; la primavera árabe ha recorrido el norte de África y el Oriente Medio; pero nada parece estar ocurriendo en Cuba. Cualquier intento de crear un ambiente de mayor apertura,

incluso en la Red, se topa con la frustración.

 

La única opción para esta comunidad es mantener, con dignidad y fuerza, su

oposición al régimen de La Habana. Y eso significa criticar y condenar a

cualquiera que trate de ocultar o pasar por alto la tragedia cubana.

 

Guillen rogó ser perdonado  -"de rodillas" y "con el corazón en la mano"- por

haber declarado su amor por Fidel. El puede decir lo que quiera: la Primera

Enmienda protege su derecho a hacerlo. Pero las palabras importan. Los

Marlins lo suspendieron temporalmente; los cubanos, en lo más profundo,

ya lo han ponchado de por vida. Nunca será aceptado aquí.

 

Mis dos hijos llevan sangre cubana y estoy muy orgulloso de eso. No puedo

dejar de pensar que si hubieran nacido en Cuba hoy serían esclavos de un

sistema, su vida dependería de dos ancianos y no podrían decir, ni siquiera,

"abajo el comunismo", como lo hizo el hombre que fue aprehendido por gritar

esa frase durante la Misa del Papa en Santiago, Cuba. Ellos y yo sabemos

la enorme bendición que fue el que nacieran en Miami.

 

El bautizo de Miami es un ritual al que me he acostumbrado y que entiendo a

la perfección. Pone en un lado a los que están por la libertad y del otro a los

que no tienen el valor de llamarle dictador al dictador.

 

 

(Si tiene algun comentario o pregunta para Jorge Ramos, envie un correo

electrónico a Jorge.Ramos@nytimes.com)

 

Distribuido por The New York Times Syndicate

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