Por Ernesto Aquino Montes/Hablemos Press.
La Habana.- Todavía nos azotan los inviernos rojos que parieron todo el pesar de la Primavera Negra. Aún están de luto todas las libertades; y nos siguen sobrando las razones para seguir quemándonos en la llama del sacrificio, por nuestro amor a Cuba.
En Marzo de 2003, la soberbia de los malos cubanos que gobiernan nuestro país condenó la razón y la decencia, cuando encarceló a 75 inocentes por el “delito” de expresarse libremente.
Pero la última palabra, en aquellos escandalosos juicios -que avergonzaron la justicia y el sentido común- , la pronunciaron las Organizaciones Internacionales de Derechos que declararon su inocencia, otorgándoles la condición de Presos de Conciencia y sumándose al reclamo por su liberación.
Han transcurrido nueve años de aquel ultraje a la dignidad de todos los hombres libres. ¡Cuánta infancia y cuánta adolescencia se perdió en el dolor de aquellos inocentes, que tuvieron que abandonar su vida de sueños y juguetes para acompañar a sus padres en el tormento de la sentencia arbitraria! ¡Cuánta lágrima - ¡De Hombre y de Mujer!- quebró la ingenuidad y la pureza de aquella niñez acorralada!; pero no todo fue oscuridad. La Primavera Negra trajo también sus luces y sus amaneceres. El amor y la virtud fecundaron el martirio, y el parto fue un estallido soberbio de mujeres y gladiolos que transformaron el silencio avergonzado, en un eterno clamor de libertad y vida.
La antorcha de la esperanza está encendida, y la firmeza de todos los que estamos alimentando el fuego, cumplirá el sueño de “Una Patria con Todos”, donde todas las primaveras sean de abrazos y de alas.
