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Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.

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Proliferación de cólera dentro del sistema penitenciario cubano


Por Jorge Alberto Liriano
Linares/ Hablemos Press.
Camagüey, 13 de diciembre.-
La epidemia de cólera
continúa
proliferando vertiginosamente
en las superpobladas cárceles
de la Isla.
En las prisiones camagüeyanas,
el contagio afecta con
mayor relevancia a la
prisión provincial Kilo 7; la
prisión de máxima
seguridad nacional Kilo
8 y la prisión Kilo 9; desde
esta última  -declarada oficialmente en cuarentena, se reportan
cifras alarmantes muy celosamente ocultadas por las autoridades
militares con la perversa complicidad de los servicios médicos del
Ministerio del Interior y otros factores del sistema de salud de la
provincia.
En medio de este desolador escenario, donde miles de personas en
reclusión enfrentan el inminente contagio, o corren el riesgo de morir
por la funesta enfermedad, resultan insuficientes y carentes de sentido
las escasas y arbitrarias medidas epidemiológicas que se vienen
tomando, dada la gravedad y la magnitud del cuadro patológico.
Teniendo en cuenta las precarias condiciones de exclusión y marginalidad
en el hábitat de los confinados, se  evidencia  la inequívoca confirmación
de un sistema penitenciario obsoleto, colapsado y carente de
condiciones para la vida humana, donde se desestiman las normas
mínimas internacionales y las más sencillas prácticas para el
tratamiento a los reclusos.
En las cárceles camagüeyanas, existen precedentes de elevados
índices de hacinamiento e insalubridad, a lo que hay que agregar la
ausencia total de agua potable, que en la mayoría de los casos
proviene de fuentes contaminadas y que debido a su escasez
debe ser almacenada en vasijas y baldes, incluso hasta para beber.
La carencia del preciado líquido influye en la higiene de los
lugares de encierro, en el aseo personal de los sancionados y hasta
en el lavado del deteriorado avituallamiento.
Como es lógico, las restricciones en el abastecimiento de agua se
conjugan con la falta de exigencia y control de la higiene en la
elaboración y manipulación de los alimentos que ofertan; alimentos,
en su mayoría, descompuestos o adulterados con productos de
dudosa identificación; otros, sin lavar y cocinados tan ligeramente
que no logran destruir los agentes dañinos; a esto, debemos añadir
la falta de higiene en cocinas, comedores y utensilios idóneos
para la elaboración y el consumo de los alimentos; se suma también,
a esta barbarie, el trasiego autorizado de salcocho, por parte
de los militares, que incide en la pésima elaboración de la comida,
una estampa real del hambre y los altos índices de desnutrición
que enfrentan los pobladores en las instalaciones carcelarias de la
región.
Para los militares, los puercos tienen la prioridad; poco o nada les
importa la alimentación de los seres humanos confinados.
Históricamente, someter por hambre a los presos ha sido uno de
los más crueles mecanismos de castigo empleado por el sistema, y
es la forma de violencia más asesina que existe hasta nuestros días.
Lo cierto es, que estas contravenciones de factores higiénico-sanitarios
en el interior de las cárceles del territorio, son la principal
ausa de propagación de epidemias como el cólera, que hoy encontró
su mayor reservorio marginal tras los muros de los campos de
concentración Castro-fascistas de la isla.
Lo más denigrante de toda esta situación, es que el Estado y su
máxima dirección política continúan auto engañándose, y se auto
intoxican con sus mentiras, encubriendo y amamantando a las
corrompidas fuerzas del ministerio del interior, preñadas de
oportunistas, malversadores y connotados torturadores,
bandidos, bandoleros y asesinos.
La epidemia de cólera se seguirá extendiendo por el interior de las
cárceles del país, algo que resulta inevitable y poco probable de frenar.
El sistema penitenciario creó y alimentó las condiciones para la
incubación de este monstruoso flagelo, demostrando una vez más,
a la humanidad, que las cárceles en Cuba son un aparato de muerte
que están muy bien concebidas para hacer daño, colmando así todos
los límites de violaciones del derecho internacional y los derechos
humanos, por lo que vale la pena asegurar, sin temor a equivocarnos,
que el sistema penitenciario cubano está en clara sintonía con la
barbarie genocida, y es el único responsable de propagar tan
mortífera epidemia. 
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