Corren los días y las semanas y la gente espera un milagro. El Buró Político del Partido Comunista de Cuba está extasiado ante el espejo, su maquillaje debe quedar perfecto, cincuenta y dos años de arrugas no son cosa fácil de enmascarar.
La función ha comenzado, el público aplaude a rabiar, pero la actriz principal no sale a escena. Los falsetes de ensayo quedaron tras bambalinas. Con las entradas agotadas uno sospecha que será una noche larga y terrible en este gran teatro donde han prometido maravillas y el desastre asoma por cada grieta del viejo edificio.
Muchos buscaron desaforados la resolución de los lineamientos a ver si encontraban algún viso de consuelo, pero nada puede hacerse en medio de discursos hieráticos, inmovilismos medievales. Los lineamientos 278 y 286, referidos a la flexibilización para la permuta, arriendo y compraventa de casas, y la compraventa de medios automotores entre particulares son de los más buscados y ahora esperados. Al fin el esclavo puede vender su conuco, al fin el ciudadano común puede vender su motocicleta que trajo hace más de treinta años de la antigua Alemania Oriental o Checoslovaquia, algo que algunos ven como un permiso para respirar, pestañar o dormir cuando se está cansado.
A pesar de que los medios de difusión (o difamación, como dice un amigo mío) masiva publican, cada día reportan los supuestos debates que sólo sus periodistas escuchan, el supuesto apoyo público a tales medidas, nada se dice de eliminar imposiciones tan claras y absurdas como el permiso de entrada y salida del país para un numeroso grupo de cubanos que mal encajan en el coro uniforme que el aparato ideológico comunista exhibe a voz en cuello. Como si dicho trasiego humano no reportara pingües ganancias para el único amo.
Aún con los aires que parecen soplar, los cubanitos del barrio continúan devolviendo sus permisos para laborar por cuenta propia. La sequía azota a la región oriental del país impide el ciclo de siembra, recolección, venta y ganancias que muchos agricultores esperaban para esta etapa del año y los fiscalizadores de la vida social aprietan la mano, aumentan las multas y los apremios.
