Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.
La discriminación étnica está prohibida por ley en la isla, pero la
Revolución no hizo cumplir la letra y hoy los negros que reclaman
igualdad son considerados opositores. Un tema tabú que aflora con
la crisis económica
A 130 años del fin de la esclavitud en Cuba y a 53 de la llegada de
Fidel y Raúl Castro al poder, los negros ocupan puestos de trabajo
de baja calificación, reciben menores ingresos que los blancos y
representan el 80% de la población carcelaria. Hoy, los afrocubanos
que reclaman por la igualdad son considerados disidentes del régimen.
Eso lo saben muy bien los integrantes del Comité por la Integración
Racial (CIR), asociación que funciona en el primer piso de una casa
particular ubicada en la populosa avenida 23 de La Habana.
Perseguidos, realizan sus encuentros bajo estricto control policial
y todos sus miembros, sin excepción, han estado presos alguna
vez. ¿Por qué motivo? El problema es que para el CIR, la cuestión racial
no puede resolverse desde las posiciones del actual Gobierno. "Las últimas
reformas económicas han reflotado las grandes diferencias sociales y son
las mayorías de la población, compuestas por negros y mestizos, las más
afectadas", explica Manuel Cuesta Morúa, opositor negro, socialdemócrata
El problema de la discriminación racial es, sin duda, el menos debatido
en Cuba. Los negros hablan de un "racismo cordial", que comienza con
ironías del tipo "ser blanco es ya una carrera" o "este negro es mi amigo
pero nunca será mi cuñado". O cuando se evita llamar a los negros por lo
que son y se utilizan términos políticamente correctos como "morenos" o "afrodescendientes".
Al mismo tiempo, el Estado se niega a reconocerlos como mayoría. El
último Censo de Población, en 2002, reportó que el 65% de los cubanos se
identifica como blanco, el 24,9% como mestizo y sólo el 10,1% como negro.
Los datos, elaborados por el estatal Centro de Población y Desarrollo
(CEPDE), de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE) , confirmaron
que en las últimas 50 décadas el incremento de la proporción de
población mestiza ha sido de 10 puntos, con la consecuente disminución
de blancos y negros. Con todo, desde la disidencia no toman muy en
cuenta estas cifras, simplemente porque la presunción de "negritud"
depende del entrevistado. "Basta girar la cabeza en la calle para darse
cuenta de que los númerops oficiales no son ciertos. Los negros somos
más de la mitad de la poblacion", afirma Cuesta.
Historia de una diferencia
La mala relación entre la Revolución y los descendientes de esclavos
africanos es fundacional. En 1959 se derogaron por ley las desigualdades
por motivos raciales y todas las personas, sin distinción de origen, tuvieron
acceso libre a la educación, la salud y el empleo. En 1962, la Segunda
Declaración de La Habana estableció que el problema racial había sido
resuelto. Pero la proclama choca contra la realidad. Si se ingresa a un
hospital, se verá que los trabajos de camilleros, auxiliares de limpieza y
mantenimiento son realizados por negros y mulatos. Los médicos son
blancos. Lo mismo pasa en las empresas de turismo, hoteles y taxis
estatales, donde los criollos tienen a su cargo la atención de los turistas.
La versión oficial, a modo de mea culpa, es que la Revolución no tuvo en
cuenta que las diferencias sociales heredadas determinarían el
aprovechamiento de las nuevas oportunidades otorgadas. Los blancos
llegaron a Cuba como colonizadores y los negros como esclavos. Los
primeros tenían mejor educación, contactos más fluidos con el poder recién
instalado y, sobre todo, más dinero acumulado. Los segundos eran en su
mayoría analfabetos pobres, dependientes de su trabajo en el campo. Siglos
de discriminación racial, originada en la esclavitud impuesta por los españoles
durante el período colonial, habían dejado un legado difícil de superar. En otras
palabras, el problema del racismo era consecuencia de situaciones heredadas.
Estos argumentos chocan de frente con los de Juan Antonio Madrazo,
descendiente de esclavos congoleños y coordinador del CIR. "Ya antes de
la Revolución, en nombre de la unidad nacional no se discutió el problema
de los negros, que eran mayoría. Todos recuerdan aún la masacre en
1912 de los integrantes del Partido Independiente de Cuba, formado
por negros y sin duda el más progresista y moderno de América Latina",
explica. El argumento de que asumir el racismo como un problema
atenta contra la unidad de los cubanos ha permanecido intacto. "Los negros
apoyamos en los primeros años la llegada de Castro, porque se nos prometió
igualdad. Pero pronto nos dimos cuenta del engaño. Hoy el Gobierno nos dice
'tu eres un malagradecido, porque gracias a la Revolución te has convertido
en persona'. Pero lo que no dicen es que la Revolución no solo desmanteló
los partidos burqueses -dice Madrazo -, sino que también destrozó las
sociedades de negros, que eran muy activas. El pretexto fue que los negros
habían sido leales a las dictaduras de Gerardo Machado (1925-1933) y
de Fulgencio Batista (1940-1944 y 1952-1959)".
Mientras las organizaciones negras y sus sindicatos eran desmantelados,
el Gobierno revolucionario permitía el funcionamiento de antiguas
sociedades de españoles, italianos y hasta chinos. Al mismo tiempo, se
desterró a importantes intelectuales y activistas negros, como Carlos
Moore y Juan René Betancur.
La crisis como detonante
Para Madrazo, en Cuba hay "un racismo oculto" y dar por superado el
tema con una declaración no hizo otra cosa que convertirlo en tabú. Pero
la cuestión volvió a resurgir en los años 90 del siglo pasado. La lucha por
la supervivencia en el llamado período especial, posterior al fin del padrinazgo
de la Unión Soviética, y los primeros contactos con el capitalismo de mercado propiciaron un resurgimiento del racismo. Así quedó demostrado con un estudio realizado en 1995 por el Centro de Antropología de la Academia de Ciencias.
El 58% de los blancos consideró entonces a los negros menos
inteligentes y el 65% dijo que no tenían iguales valores culturales ni
decencia. La cifra ascendió a 68% si se trataba de repudiar los
casamientos interraciales.
La situación tampoco mejoró al relevar datos objetivos. En el año 2000,
una investigación del Centro de Estudios Demográficos estableció que
los blancos controlaban 57,4% de los puestos gerenciales del sector
estatal, contra el 18,9% de los negros. Para el sector emergente de la
nueva economía, el de las empresas mixtas desarrolladas tras la crisis,
los blancos ocupaban el 74% de los altos cargos, contra el 5,1% de
negros y el 19,5% de mestizos. Lo más notable es que las diferencias
educativas entre grupos eran, y lo son aún, insignificantes. En 2007,
entre los blancos había 8,7% de egresados universitarios, contra 7,8%
de negros.
Hoy la crisis golpea más en el sector que es al mismo tiempo el más
relegado. Los negros son los que menos pueden equilibrar sus ingresos
familiares por medio de las remesas provenientes del exterior, al ser la
menor población representada en la emigración. Un fenómeno particular
en Cuba es que el 83,5% de los emigrantes son blancos.