Por Ernesto Aquino/ Hablemos Press.
La Habana.- Con el telón de fondo de las
tradicionales persecuciones, arrestos y agresiones
de la policía política contra todos los defensores
de derechos humanos, están cumpliéndose 18 años
del hundimiento del remolcador 13 de Marzo: Un
alarde de brutalidad -ordenado por Fidel Castro-,
que demuestra la falta de autoridad moral de las
tiranías.
Este año, la justicia que se quedó esperando seguirá levantando
la voz, desde todos los corazones que defienden el derecho a la vida,
para seguir condenando la masacre y exigiendo que los culpables
sean castigados.
Para algunas instituciones y personalidades que se pronunciaron contra
ese genocidio, en el momento de conocerse, parece que fue suficiente
una declaración tímida, ambigua y afeminada para sentir que habían
saldado su compromiso con las víctimas, sin que se viera afectado su
apoyo incondicional a los victimarios.
Pero todos los seres humanos, que sienten trepidar en lo más profundo
de sus entrañas, su amor y su respeto por el sagrado derecho a la vida,
no detendrán su clamor ante los tribunales del mundo, hasta que la
justicia rinda su tributo de reverencia debida a los hombres,
mujeres ¡y niños! que perdieron la vida en uno de los actos de barbarie
más bochornosos y lesivos llevados a cabo -con absoluta impunidad-
por el régimen de Fidel Castro.
A las víctimas del hundimiento
del Remolcador “13 de Marzo”.
No me preguntes
si puedo perdonar al asesino,
o si voto a favor de la pena de muerte.
Si estoy frente al cadáver
-para siempre- de un niño;
o me muero en el cuerpo sin vida
de cualquier inocente,
no me pidas
que declare mis extremos
ni me convoques a juicios radicales.
Yo sólo tengo corazón para la víctima;
y un vacío de truenos y alaridos
¡Donde no te aconsejo
poner a los culpables!

