Raúl Castro, de 80 años, discutirá el lunes en el plenario del Parlamento los obstáculos que frenan su plan de más de 300 reformas aprobadas en abril pasado por el VI Congreso del Partido Comunista (PCC) para hacer funcionar el modelo económico, agotado por el excesivo centralismo y control al estilo soviético.
El Presidente describió un lamentable panorama en el que criticó la persistencia del desorden, incumplimientos, ilegalidades, falta de planificación y trabas burocráticas que afectan la agricultura, las inversiones, el transporte o el comercio.
“Orden, disciplina y exigencia”, reclamó a los ministros, tras demandar “la planificación como una herramienta de trabajo”, según la reseña del encuentro publicada ayer viernes en el diario oficial Granma.
Raúl Castro, que siempre estuvo a la sombra de su hermano Fidel –48 años en el poder–, tomó el timón el 31 de julio de 2006 cuando este último enfermó, y comenzó cambios de apertura económica, con continuidad política unipartidista, fortaleciendo la institucionalidad del régimen para suplir la ausencia del máximo líder.
Con las reformas, abrieron unos 325.000 pequeños negocios privados, 146.000 campesinos recibieron tierras ociosas en usufructo, comenzó la eliminación de subsidios para desmontar el paternalismo vigente en 52 años y un reordenamiento laboral en un país con el 85% de sus 5 millones de empleados trabajando para el Estado.
Aunque Raúl priorizó la producción de alimentos, la mala planificación hará este año que Cuba siga gastando 1.500 millones de dólares en comprar el 80% de lo que come, en tanto que el recorte previsto de un millón de empleados estatales, que causó inquietud y molestia popular, se desaceleró.
No es fácil que funcionarios renuncien a privilegios de años ni dejar atrás la inercia, la indisciplina laboral, el descontrol y el derroche de recursos, o combatir el descomunal mercado negro de bienes robados al Estado, reconoce el Gobierno.
Granma admitió que se libra “una lucha de contrarios: los que quieren cambiar y los que dan la pelea silenciosa para que todo siga igual”. Entretanto, la intelectual Graziella Pogolotti alertó de que la burocracia amenaza con “lacerar el socialismo”. Aunque la población aplaude que Raúl la autorizara a hospedarse en hoteles, poner negocios o comprar y vender casas y autos, se queja de salarios de 20 dólares al mes, y los nuevos empresarios lamentan los altos tributos y la falta de un mercado mayorista donde comprar los insumos.