La respuesta inmediata fue que acudió a mi puerta el día 8 de noviembre un agente de la
policía política a citarme para el día 9 -con el habitual incumplimiento de requisitos legales
- para la Unidad Policial de Aguilera, en Lawton, La Habana.
Y allí decirme:
Que él es "Simón", el agente encargado de leer todo lo que escribo, que me conceptúa
de "contrarrevolucionario no peligroso, profesional, inteligente y pacífico; me respeta"
y varias amabilidades.
Que he aumentado mi número de escritos (falso) y su tono agresivo (cierto) y debo escribir
con tono más moderado, y menos cantidad: "tres o cuatro escritos al mes",
preferiblemente sobre temas que a mí me gustan, como artículos de opinión, temas de
religión o de arte.
Que no van a permitirme más que escriba con esa agresividad sobre figuras de "la
Revolución", particularmente Fidel y Raúl Castro y "funcionarios" (sobreentendido que
se refiere a agentes golpeadores de la Seguridad del Estado y a coroneles que se
construyen mansiones).
Que por ello puedo ir preso y también puedo ser acusado por calumnia por las referencias
que doy de un funcionario (presumiblemente el agente Heriberto Álvarez Sánchez).
Que conoce que estoy aprobado en la primera entrevista para recibir refugio en
EE.UU y "nosotros somos quienes podemos facilitarle la salida del país, apresurarla o
impedirla, de nosotros depende".
Que "el mundo es muy complejo, Ud. tiene su opinión, pero Ud. no es el mundo, y no le corresponde a Ud. ocuparse de cosas que no le competen, Ud. tramita denuncias que
competen a funcionarios específicos y no a Ud., y así es en todos los países, en todo el mundo".
Tras transmitirme estos mensajes de una superioridad movida a ello porque he escrito
cosas "que leen otros funcionarios" (¿la carta al General? ¿Mis escritos sobre las
construcciones de los jefes, mencionando a coroneles y a "figura de la Revolución"
como el Vicepresidente Murillo? ¿Mi nota sobre las vacaciones lujosas del ex-canciller
y ex-figura Pérez Roque? ¿Mis recordatorios de que existe una orden de redada masiva
y aun masacre de desafectos en caso de muerte de Fidel Castro o disturbios, a la cual
aludió Raúl Castro en discurso en la Asamblea Nacional cuando refiriéndose a los
opositores afirmó: "No habrá ningún cambio, y si lo hubiera no vivirán para verlo"?) me
preguntó si había entendido y quiso le dijera qué había entendido y si "¿tenemos un
acuerdo?".
Respondí que había entendido que me amenazaba con la prisión o impedirme la salida
del país como refugiado o procesarme por calumnia si continuaba escribiendo sobre las
"figuras de la Revolución" como Fidel y Raúl Castro y sobre agentes de la Seguridad del
Estado y funcionarios y si no me limitaba a escribir tres o cuatro trabajos al mes en
tono moderado.
Se mostró consternado. "No ha entendido nada; yo jamás lo amenacé, !para nada!
Nosotros no metemos preso, ayudamos, porque Ud. es un profesional pacífico, no es
necesario eso".
En cuanto "al compromiso ", le manifesté que estoy en las manos de Dios, muertos mis
padres y sin ataduras, a mis 58 años de edad me da lo mismo irme del país que quedarme,
que me maten o la prisión, si para beneficiarme debo dejar de hacer lo que me dicte
mi conciencia; no puedo obrar por conveniencia o miedo, no está en mí abstenerme por
miedo cuando veo abusos:
Vejar a mujeres, como a las Damas de Blanco, pegar a esposados, traumatizar a los niños
de los opositores como hicieron a mi hija; ante esos abusos escribo lo que me dicta mi conciencia y que hagan conmigo lo que quieran. No estoy escribiendo más, de hecho en
junio-julio no escribí nada, tal vez ocurre que escribo de cosas más duras, pero no
depende de mí, es porque hacen más barbaridades, últimamente no me ayudan a escribir
menos y si mi tono se hizo más "agresivo" solamente fue en proporción al aumento de las barbaridades y al trauma que ocasionaron a mi hija a los 12 años de edad.
Hasta aquí mi testimonio sobre lo que ocurre (y ocurrirán mas represalias) cuando uno
pide al señor presidente (más respetuoso no puedo ser) orden para Cuba o que renuncie
y los factores del desorden son las autoridades policiales de las cuales depende el
poder del señor presidente.
Y ello a pesar de hacerlo responsable a él -como es natural- por las represalias contra
mí y otras personas implicadas en la denuncia, represalias por parte de los interesados
en apañar a los malhechores.
Aunque Raúl Castro evite aplicar a su persona la figura "legal" de "delito de desacato
a la figura del Comandante en jefe" ese engendro continúa vigente.
Pero supongo que no se trata del celo de los funcionarios por mi crítica al General sino
!por ellos mismos! a quienes molesté al señalar su privilegio constructivo y al identificar
a un agente pues los obsesiona el anonimato y pseudónimos que les dan seguridad de
golpear eludiendo toda responsabilidad personal.
Esto ocurre cuando uno "no es el funcionario competente para tramitar denuncias"
sobre corrupción, epidemias que el Estado oculta, atropellos policiales, en una sociedad
donde la persona no es persona para denunciar, no existe igualdad ante la Ley y la
única ley que se cumple es la voluntad del jefe inmediato.
Al punto de que !el policía responde por el señor presidente y su respuesta es
coaccionar a quien pide al Presidente orden con el cese de los desmanes legales de los
policías y sus Brigadas de Respuesta Rápida!
El policía prohíbe al periodista temas, le exige el tono moderado ante los atropellos
inmoderados y limitarse a un exiguo número de trabajos mensuales (¿Los asignarán por
la cartilla de racionamiento?). Y el señor presidente debería disgustarse mucho por
este obrar de defensores que lo irrespetan al hablar así por él.
Pero si el Presidente calla e ignora mi carta, entonces autoriza la coacción contra
quienes le escriben peticiones que no agradan a funcionarios cuyo bien o mal obrar
está en el deber de investigar y controlar. Estos gobernarían en lugar de él, o él
estaría gobernando con métodos… que no califico porque no existe calificativo
moderado.
Me pregunto si erramos al considerar a policías y funcionarios como a instrumentos
del poder central cuando, de hecho, en época de bancarrota estatal han devenido
en el verdadero poder.
El desastre en Santiago de Cuba por con funcionarios que especularon con los precios,
robaron, y vendieron materiales a precios ilegales del 100%, demuestra una poderosa
tendencia de funcionarios medios y locales a vencer al poder central con su corrupción, síntomas de ingobernabilidad generales muy evidentes en esta calamidad.
En mi caso, defendiendo su impunidad la casta de funcionarios y policías, sea con
su poder propio o defendidos por el señor presidente, éste no puede alegar ignorancia
de sus desmanes ni declarar que combate la corrupción cuando el periodista es
amenazado por denunciarla. Ni puede hablar de cambios y reforma.
Y los "cubanólogos y analistas" que llevan tantos años declarando sobre la voluntad de
reformas del general Raúl Castro -cambios imposibles sin orden legal- los que tanto
escribieron sobre la transición a la española de Cuba y el modelo chino, y los de
izquierda que cantan a una simpática revolución que no existe, entérense de que:
"No son los funcionarios a quienes compete tramitarlo" y aunque nadie sabe quiénes
son esos competentes hay que tener fe en que existen y callar o atenerse a
consecuencias con policías que oficialmente obran bajo pseudónimo y al margen
de la Ley.
Esos analistas deberían valorar esta tendencia a disolverse el poder por desaparición
del gran líder carismático, no sostenerse centralizado por disfuncionalidad de las
instituciones y ser asumido anárquicamente por funcionarios y policías que, ranas
sobre el "rey madero", inclinan a Cuba a la transición a la rumana.