Camiones de pasajes particulares. Foto: Roberto J Guerra.
Por Moisés Leonardo Rodríguez.
Artemisa, 29 de Abril.- La mayor parte de los pasajeros en la isla se transportan en automóviles,
camiones, camionetas y unos pocos ómnibus particulares con más de 50 años de circulación
así como en vehículos de propiedad estatal vinculados a instituciones y centros de trabajo, que
se mantienen en funcionamiento gracias al mercado informal y otras ilegalidades.
Fuera de la capital, los vehículos fabricados en Norteamérica hace más de medio siglo, transportan
la mayor parte de los viajeros dentro y entre municipios y en viajes interprovinciales. Algunos
atraviesan la isla desde la capital hasta las provincias orientales en recorridos de alrededor de
1000 kilómetros.
Los mismos poseen numerosas adaptaciones con piezas, partes y agregados de medios más
modernos que han sido desarmados después de causar baja técnica y con repuestos robados
de talleres y almacenes estatales.
Otra parte de los viajeros se mueven en ómnibus estatales destinados al traslado de obreros o
al servicio de instituciones como el ministerio de educación, cultura o deportes. Sus conductores
cobran sin que se les controle lo recaudado, lo que les motiva a prestar este servicio para obtener
ingresos extra que compensen sus bajos salarios.
No todo es ganancia para estos últimos pues los mecánicos de los talleres correspondientes
les cobran ilegalmente para adelantar el turno de reparación y por las piezas que “no hay en el
almacén pero yo tengo un amigo que las resuelve” o de lo contrario deberán acudir a mecánicos
particulares que también les cobran un ojo de la cara por cualquier servicio.
No solo piezas y agregados sino además combustible, lubricantes, líquido de freno y otras
necesidades de los transportes es posible obtenerlos en el mercado informal, bolsa negra, y es
en ella donde lo compran preferentemente los transportistas tanto particulares como estatales
que disponen de sus vehículos para lucrar extraoficialmente.
A pesar de que los particulares transportan la mayor parte de los viajeros, de que los vehículos
estatales son utilizados como medios de lucro ilegal, y que en ambos casos constituyen caldo
de cultivo para las ilegalidades, el Estado ha demorado por décadas la decisión de crear los marcos
legales e institucionales para que se integren cooperativas de ómnibus para el traslado de pasajeros.
Hasta entrada la década de los sesenta, la Cooperativa de Ómnibus Aliados (COA) prestaba
un servicio seguro, eficiente y confortable en la isla a precios módicos. La estatalización del
transporte público de pasajeros tuvo desde entonces altas y bajas. En los últimos 20 años ha
Si las denominadas reformas estuvieran dirigidas realmente a solucionar, o al menos aliviar, los
problemas de la gente de a pie, entonces la cooperativización del transporte de pasajeros debió
ser de las primeras dado que la alimentación, la vivienda y el transporte son las tres cosas que
motivan más quejas de la población.
No dar este paso no solo demuestra que la prioridad de las “reformas” es satisfacer intereses
del poder sino que además es una pérdida de una gran oportunidad para disminuir el moralmente
dañino predominio de la bolsa negra y otras ilegalidades en la cotidianidad de la vida nacional.
