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Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.

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Ser o no ser, inmigrante: Por Ángel F. Fermoselle

Un inmigrante recibe una bolsa de comida en Roma. | Efe

Un inmigrante recibe una bolsa de comida en Roma. | Efe

 

Actualizado domingo 24/04/2011
Secuestrados

.- Diecisiete y uno quemao, decía, sonriendo, mi abuelo cuando le preguntaban la edad. Rubio y de ojos azules, cubanísimo de Guantánamo y coqueto, Manuel Fermoselle era castrista como casi todo el mundo en los años previos al 59. Un lustro después, tras incontables y dramáticos esfuerzos, logró abandonar la isla que amaba a cambio de dejarlo todo, también su alma. Ahora, con otros diecisiete y uno quemao que superan ampliamente el medio siglo, la Revolución de los Barbudos da tantos síntomas de agotamiento que hasta el comandante que la lideró, desde su posición de "soldado de las ideas", pide que se cambie "lo que haga falta", también un lustro después de su medido abandono en 2006. Castro, en fiel apoyo a su hermano y de paso a sí mismo, solicita que se rectifique "sin vacilación" todo lo que deba ser rectificado.

Lo que quizá no haya contemplado Fidel es que lo que hace falta cambiar se resume en aniquilar la herencia sangrante de su caudillaje, incluida la tímida inercia "aperturista" de su hermano menor. Los aires renovadores del VI Congreso del Partido Comunista Cubano en realidad no reforman nada de peso, llegan acompañados de un olor nauseabundo y solo surgen como consecuencia de la asfixia económica a la que los dos hermanos han sometido a su país secuestrándolo durante medio siglo. Menos mal que los cubanos, a pesar de que no se hayan fajado -como dirían ellos- lo suficiente por su libertad, son mucho más que su clase política, y saben a mango, y huelen como la guayaba recién cogida, y suenan como ángeles, como los doctores Chucho y Bebo, nuevos honoris causa de la Berklee College of Music. Todo el "revolico" del congreso de La Habana ha servido exclusivamente para certificar que Fidel, sin siquiera quitarse el chandal, sigue dominando las claves de la realidad cubana, y que la clase dirigente que él colocó no va a dejar el poder hasta que se lo arrebaten. Casi mejor que mi abuelo no esté por aquí para verlo.

La extraña solidaridad europea

.- Muchos cubanos, enredados desde hace décadas en las penurias que atenazan a su deliciosa isla, probablemente gozarían de nuestra crisis. Ya "resolverían" cada día, y seguro que con muchos más argumentos de los que encuentran en su Caribe deteriorado. Pero en nuestra Europa de los 27, en plena crisis de inmigrantes, con franceses e italianos agrediéndose para no quedarse con los "afortunados" que han logrado huir de la violencia del norte africano, en pleno ejercicio de esa extraña solidaridad europea que comienza a definirnos, nos topamos con los Auténticos Finlandeses, que no quieren saber nada de los auténticos europeos del Sur que tanto lastran, creen, su seguridad económica.

Y eso que en Finlandia, con una presencia extranjera inferior al 4 por ciento, disfrutan poquísimo de la multiculturalidad así como de las ventajas que la aldea global ofrece desde hace unos años. Europa, con una crisis de identidad tan contundente como la económica, tan decisiva como la migratoria, con rescates que asusta pensar que tal vez no cristalicen, no parece hallar la salida al galimatías conceptual que la creó. Demasiadas grietas. La Europa que nos inventamos se resquebraja a un ritmo que tal vez sólo una fulgurante e improbable recuperación económica podría detener.

Los nuevos emigrantes.-

¿Los devolverán en los aeropuertos? ¿Les negarán la tarjeta de trabajo? ¿Les perseguirán por las bocas de metro pidiéndole los papeles? ¿Los explotarán en los trabajos más duros y peor pagados? ¿Deberán dejar a sus hijos al cuidado de otros familiares, mientras ellos pelean por el dólar, o el yen, o el euro? Tengo curiosidad por saber cómo afrontan su día a día los españoles que emigran de la devastada España de 2011, inmersa en sus peores catacumbas económicas, en busca de su particular edén económico, o de su mera subsistencia. Es verdad que los nacionales que abandonan el país son profesionales, tienen oficio e ideas y, muchos, talento. Abrumados por la escasez de opciones laborales, se lanzan a por su futuro donde buenamente puedan, al menos, disputarlo. La deserción se ha disparado nada menos que un 30 por ciento con respecto al año anterior. No huimos de la ruindad de Gadafi, ni de una dictadura atroz, ni de los bombardeos aliados. Pero muchos españoles huyen, al fin, para labrarse un porvenir. Igual que ellos.

Apostar la vida.-

Hay quien huye, también, de algo que no sabe qué es. O que va en busca de algo que tampoco sabe qué es, pero se ve obligado a hallar. Hay quien ama tanto su trabajo, o que lo necesita tanto, con frecuencia por razones que desconoce, que está dispuesto a vivirlo hasta sus máximas consecuencias. Aunque sean caóticas. Aunque sean irreversibles. Aunque acaben dejando un hermoso cadáver. La locura libia, las dudas aliadas, la búsqueda de uno mismo, la necesidad de retratar la barbarie y enfrentársela al mundo buscando reflexiones, exigiendo soluciones; posiblemente todo ello y alguna circunstancia más condujeron al británico Tim Hetherington y al norteamericano Chris Hondros a dejarse la vida en Misrata. Años antes lo hicieron, en otras tierras, Julio Fuentes y Julio Anguita Parrado, y tantos otros. Todavía lo harán muchos más, lamentablemente. Fotógrafos como Hetherington y Hondros, ambos expertos, ambos exitosos, constituyen la mejor expresión del periodismo comprometido. Mientras haya reporteros dispuestos a trabajar tan cerca de la línea que separa la vida y la muerte podremos seguir defendiendo una profesión en plena transformación que, si no existiera, habría que inventarla. Para, al menos, poder morir por ella.

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