Por Jorge Alberto Liriano Linares/ Hablemos
Press.
Camagüey, 22 de junio.- Durante más de
medio siglo la prensa oficialista ha servido
como instrumento de manipulación,
desinformación y desequilibro de la
realidad. Después de 53 años, el
humilde y laborioso pueblo cubano se adaptó
a vivir en la mentira, el fraude y la corrupción.
Los medios informativos al servicio del régimen cooperaron,
como una epidemia de cinismo y doble rasero, en este sentido.
Tal es así que ya hoy no engañan a nadie, y muchos menos si se
trata de un tema tan escabroso y despiadado como el del
sistema penitenciario.
Como si cada familia humilde, en este país, no hubiese sufrido
en carne propia el encarcelamiento de un ser querido; como si
la población cubana desconociera como viven y son tratados los
presos en el interior de las cárceles.
Dolorosamente, los cubanos tienen demasiados pasajes terribles
haciendo sangrar sus heridas, como consecuencia del estado de
represión y terror que se les impone; de hecho, los llamados
Tribunales Populares son odiados por el pueblo, debido a su
condición de instrumentos dóciles de represión.
¿Cuánto más pudiera odiar la fuerza represiva paramilitar, sus
cuarteles de detención policial y sus innumerables centros de
tortura y encarcelamiento?
Existen muchas verdades latentes dentro de esa gran maquinaria de
horror, compuesta por el aparato represivo, el sistema judicial y el
sistema penitenciario; verdades que perturban, horrorizan y
desgarran sentimientos humanos, esos que la prensa oficial al servicio
de la dictadura tiene prohibido publicar y que los pones contra la
pared en entre dichos de ser o no ser, haciéndolos cómplices de
torturadores y asesinos sin ningún tipo de escrúpulos.
Verdades irrebatibles, como la enorme cifra de niños, adolecentes,
jóvenes, mujeres y ancianos que se hunden en la desesperanza
y el desconsuelo de un sistema penitenciario carente de
condiciones mínimas para la vida humana, donde prevalecen
los altos niveles de violencia incontenibles, la insalubridad
y el hacinamiento; donde impera la corrupción, el crimen despiadado,
los maltratos físicos, las torturas físicas y sicológicas; donde
prima la discriminación racial y el tratamiento brutal en detrimento
de la integridad y dignidad humana de los condenados y familiares.
El pueblo cubano adolece de libertad y derechos, sufre la
desinformación a que lo someten, pero tampoco es ciego, y sabe
valorar el secretismo cómplice de la prensa y los diferentes
medios informativos.
¿Cuántas veces la prensa oficialista denunció los cientos de personas
que se suicidan o intentan suicidarse cada año, tras los muros
de las cárceles? ¿Cuántas veces publicó la cifra de los que
mueren en circunstancias extraña? Los que mueren por la
carencia de asistencia médica; los que se auto-agreden
desesperados, víctima de la impotencia, el odio y el estrés del
medio.
¿Cuántas veces, la prensa de los que se auto-titulan
respetuosos exponentes del derecho a la vida, denunciaron un solo
caso de los miles de apaleados y tiroteados por la policía en las
calles; de los miles de lesionados y asesinados por los militares, en
su cruel y despiadada carga de represión y terror en los
centro penitenciarios.
¿Cuándo los medios y redes sociales oficialistas dieron a conocer
un solo caso de los miles de torturados en las tenebrosas celdas de
castigo de las prisiones y centros de detenciones policiales, donde
hasta nuestros días se siguen empleándose los métodos
más espeluznantes, sádicos, crueles e irrazonables.
¿Cuándo los periodistas, al servicio del régimen, le dedicaron un
simple y humanitario artículo a los miles de pacientes
siquiátricos confinados en las cárceles; a los enfermos de SIDA,
tuberculosis y cáncer; a los miles de discapacitados físicos; a los
ciegos y adictos a la droga que hoy se hunden en la podredumbre
de un sistema penitenciario que no reeduca ni rehabilita, y mucho
menos construye, ni logra insertar a nadie en la sociedad?
¿Dónde está el apego a los principios y a la verdad, de que
tanto se vanaglorian las marionetas de los medios oficialistas, cuando
jamás le dedicaron unas líneas a los miles de fusilados y
desaparecidos; a los cientos de condenados a cadena perpetua;
a los miles de detenidos, de manera arbitraria; a los que jamás
tuvieron el derecho a demostrar su inocencia en un proceso leal,
justo y trasparente?
Cuándo la prensa oficial le dedicó un solo artículo a los que
cumplen sanciones excesivas por delitos menores; a los
miles de sancionados -injusta y arbitrariamente- que de
tanto ser peloteados, por el burocratismo y la corrupción del
sistema judicial, hoy viven sumidos en la angustia, la desesperanza,
y en completo abandono legal.
De qué respeto, a la dignidad y el mejoramiento humano,
se atreven a hablar los que trataron de confundir y tergiversar
el vil asesinato del luchador Orlando Zapata Tamayo, quien falleció
después de 83 días de huelga de hambre, sumido en total abandono
en la celda de castigo de una prisión.
La historia se repitió, cuando fallece en idéntica circunstancias, este
año, el opositor Wilman Villar Mendoza, luego de 50 días de huelga,
y como si fuera poco, muere también en circunstancias extrañas
Laura Pollán, paradigma de coraje y dignidad y líder de las Damas
de Blanco.
Estas verdades resultan pruebas y exponentes de las
violaciones sistemáticas del derecho internacional, y especialmente
del derecho a la vida.
Critica ferozmente al enemigo histórico, Estados Unidos; hablan,
cuestionan y comparan los crímenes violatorios en Chile, España
y otros países, pero lo hacen sin mirarse por dentro, si fijarse en la
paja en su propio ojo, y acuden con total cinismo a ejercer una
propaganda mentirosa, demagógica, que ya no confunde a nadie.
La verdad se impone, perturba y corruga el alma; el disfraz de
humanista ya se torna trasparente ante tanta verdad presente,
ya no confunde ni engañan.
El pueblo cubano conoce, vive y sufre la verdad junto a la humanidad,
a la que tampoco pueden embaucar con sus falacias. Endeblemente,
la crueldad y el horror de tantos crímenes definen al régimen cubano
como el más perverso y connotado violador de la legislación
internacional y los derechos humanos.
Como dice el viejo proverbio: “Si no puedes probar lo que dices es
mejor que guardes silencio, periodista lacayo”.
