Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.
Fidel sabe lo amargo del trance y lo vital que para Cuba es cruzarlo con éxito
Cuando ya era evidente que al Papa Juan Pablo II se le reducía palmariamente su tiempo de vida, desde afuera no lucía que la burocracia eclesiástica se diera por enterada. El mundo entero, mientras, celebraba la entereza del Papa polaco a quien -junto con Ronald Reagan- se le otorgaba un inmenso crédito por el derrumbe definitivo del sistema soviético. El espíritu de la inmensa mayoría de los comentarios -de sesudos analistas, incluso- era que el Papa seguía con el carácter intacto.
Impresiona la dificultad de muchos analistas -ni hablar del comentarista de cafetín- para ver y sacar las adecuadas conclusiones de un hecho fundamental: que las cosas cambian, y que la vejez es un fenómeno tanto irreversible cuanto decisivo.
Eso mismo está sucediendo con un personaje como Fidel Castro, quien justo en tres días arribará a los 85 años. Cosa singular, y hasta simbólica, nació el 13 de agosto de 1926, cuando un huracán de singular ferocidad azotaba a la isla de Cuba. ¡Qué premonitorio el momento!
Para entender tanto a este anciano personaje, y su verdadero papel en este quebradero de cabeza que es la Cuba amarrada a un pasado agónico por la acción cada vez más reducida del ancianato que encabeza el cascarón vacío que es el Partido Comunista, revisemos algunos datos.
José Manuel Prieto, un escritor cubano que reside en Estados Unidos, acaba de estar de paso por Cuba y se asombró al constatar cómo el Estado comunista abandona aceleradamente sectores enteros de la vida nacional. En muchos casos, desafortunadamente, dejando que el vacío lo llenen bandas criminales. Igualmente asombrosa le resultó la información de cómo se reduce el número de quienes se ganan el pan sirviendo al Estado: parecería que un sector privado ha ido brotando con fuerza, y Raúl no ha hecho otra cosa que constatarlo.
A la Cuba de hoy, es el dato que se recibe por doquier, cada vez le sienta menos la chaqueta de fuerza comunista y la Revolución es sólo un fastidio al que nadie desea incorporar en la ecuación de sus vidas. Eso puede constatarse en la película Havanna Blues y en el magnífico reportaje de la televisión española: Españoles en La Habana.
Si la Revolución se evapora, su creador y principal impulsor se evapora con ella. O quizás mejor: cambia de papel. Y eso es lo que está sucediendo en Cuba: una enfermedad -luego de un fatigoso tour por Argentina al que lo arrastrase Hugo Chávez- condujo a Fidel a tener que apartarse de lo que parecía un cargo a perpetuidad.
Tocó a su hermano intentar rescatar a una revolución agotada, tratando de que una burocracia enferma y paralítica que se resiste a salir del juego entre en razón o despeje el camino.
Esta burocracia acusa a Raúl, no sólo de emprender una ruta distinta que la de su hermanito, sino de estar traicionando a la Revolución con sus decisiones. ¿No lo confirmaría ese afiche inmenso que presidió las celebraciones del 26 de julio, donde Raúl aparece con su nuevo eslogan: "Orden y Disciplina"? Nos recordó el "Unión, Paz y Trabajo" de nuestro viejo General Gómez. Raúl, eso parece delinearse ya, sería el Deng Xiaoping del Caribe.
Pero un reformador que cada vez menciona menos al Socialismo y suelta las amarras en sensibles áreas de la ideología comunista (inaugurando, incluso, el nuevo seminario católico de La Habana) es como para generar resistencias por todos lados: la vieja dirigencia comunista y sobre todo sus viejos modos se sienten amenazados por doquier. Fue eso lo que llevó a que, en abril, Raúl presentara a su hermano en la sesión solemne del Congreso del Partido: cansado, de lento caminar y totalmente ido. Esa imagen habló más que mil palabras.
Y es ese Fidel que ahora aparece como el enfermero mayor de Hugo Chávez. El encargo ideal que Raúl encontró para su envejecido hermano, matando así dos pájaros de un mismo tiro: controla a Chávez y su fluida chequera, a la vez que le da un oficio a quien rápido se despega de esta vida.
Una y otra vez Fidel echa sus cuentos a un muchachito cincuentón que parece no saciarse; a la vez que presta pacientes oídos a un canceroso que pasa del manto de la Virgen a los "espíritus de la sabana", con paradas eventuales en el Zaratustra de Nietsche. Pero Fidel sabe lo amargo del trance y lo vital que para Cuba es cruzarlo con éxito.
Es en esto donde Fidel es un Súper; y con su despedida ya iniciada, ¡en nada más! Así es que dejen de seguir hablando del Fidel anciano, capaz de manejar a Venezuela con el vigor del legendario líder de otrora