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Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.

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Un besamanos tropical: Por Martín Santiváñez Vivanco

Ollanta Humala en su reciente visita a Cuba. | Reuters

Ollanta Humala en su reciente visita a Cuba. | Reuters

 

 20/07/2011

En el Palacio de los Capitanes Generales de La Habana, joya suprema del barroco cubano, antigua sede del 'imperium Hispanorum' y flamante museo de la ciudad, hay un retrato.

Sin ser una obra maestra, el viejo lienzo adorna la galería de los próceres de la independencia de Cuba, a vista y paciencia de los curiosos de turno que ignoran quién es el jovenzuelo macilento, de fina estampa, mirada brillante y audaz, cuyo porte quedó inmortalizado en una imagen que el tiempo, poderoso señor, ha preservado del olvido.

El hombre de nuestro cuadro es el peruano Leoncio Prado, uno de los tantos latinoamericanos que participó en la lucha de Cuba por su libertad. A él se debe la hazaña de haber capturado, al mando de un puñado de guerreros mambises, el navío español 'Moctezuma', bautizándolo 'Carlos Manuel de Céspedes', primer buque de guerra bajo estandarte cubano. Años después, fusilado en la guerra del Pacífico sin cumplir los treinta años, Pradito —así lo llamaban sus amigos— se sumaría al panteón de los héroes que se enrolaron en una causa continental a costa de su propia vida.

En el siglo XIX, una generación superior de patriotas latinos no dudó en ofrendar su sangre en busca de la libertad de todo el continente. Hoy, su gesta ha sido sepultada por unos líderes cobardes que se niegan a denunciar la satrapía que los Castro regentan desde hace más de cincuenta años.

Pradito y los suyos no soportaron vivir bajo el oprobio. Ollanta, nuestro presidente electo, con su última visita a Cuba, legitima los actos espurios de una dictadura feroz que sonríe hipócritamente mientras nos inocula su ponzoña letal.

El peligro de ser amigo de un régimen

Contemporizar con el régimen castrista perjudica a los cubanos que se atreven a desafiar la tiranía. Humala es consciente de ello. Y no le interesa. Sus recientes sacrificios en el altar de la democracia se ven opacados por este gesto de apoyo a una dictadura que debe ser combatida y denunciada, como tantas veces lo ha hecho el vigilante Vargas Llosa.

So pretexto de hermandad y panamericanismo, Humala aboga por una "agenda abierta" entre nuestros países. Qué ironía. El presidente electo sugiere a los Castro apertura en la relación binacional cuando ellos se esmeran en perpetuar una estructura de poder absolutamente cerrada, autárquica, maquillada con ciertas concesiones económicas que en nada debilitan el asfixiante control estatal. No nos engañemos. Cuba será libre a pesar de los Castro, jamás con su ayuda.

Solo una generación forjada en el viejo espíritu leonciopradino liberará a la isla del Leviatán comunista. El Perú debe honrar ese espíritu de libertad y derecho sin plegarse a la perversa tradición populista que antepone los logros de la revolución cubana al estado de semi-esclavitud en el que malviven millones de seres humanos.

Ciertamente, Humala, un hombre que ha crecido admirando a los ídolos del castrismo continental, y que mantiene una relación con La Habana desde hace años, seguirá acudiendo a las tertulias de los Castro en busca de consejo e ideas. Total, para los políticos de la órbita bolivariana, tratándose del poder, sólo hay una regla válida, en la que Fidel es un experto: durar. Durar hasta el final. Y para aprender del maestro hace falta, de cuando en cuando, un tierno besamanos tropical. ¿No, presidente?

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