Periódico Granma (Foto: Raquel Pérez)
Que el órgano oficial del Partido Comunista Cubano (PCC) publique semejante declaración de principios es, sin lugar a dudas, un importantísimo primer paso hacia la consecución de un periodismo como Dios manda y Cuba necesita.
Sin embargo, más adelante Granma hace una curiosa repartición de culpas. Según el artículo los problemas de la prensa cubana se deben a "la incomprensión de muchos funcionarios administrativos" que impiden su labor periodística.
Se queja el periódico de que las autoridades ponen obstáculos incluso para que puedan hacer reportajes en escuelas primarias o en una empresa de reciclaje de neumáticos, para lo cual les exigen la autorización de un viceministro.
Los periodistas extranjeros podemos certificar que todo eso es verdad. Llevo 2 años esperando una entrevista con el Ministerio de Agricultura y tardaron meses en darme acceso a los hospitales para escribir sobre la mortalidad infantil.
Pero hay algo esencial que falla en el análisis de Granma. Me refiero a la actitud pasiva y obediente del periódico que calla y se sienta a esperar a que le llegue el permiso oficial para acceder a la información y divulgarla.
Lo cierto es que en ocasiones estos permisos no son necesarios para investigar y publicar lo que ocurre en el país. Pudieron hacerlo en casos tan sonados como el de Mazorra, la corrupción en la Aviación y miles de temas más.
La dirección de Granma podría haber enviado periodistas al psiquiátrico o al aeropuerto en lugar de dedicar sus equipos de investigación a temas tan "trascendentales" como averiguar cuánto ganan los cuidadores de automóviles.
Ahora pretenden culpar a los políticos y funcionarios por la publicación en sus páginas "de materiales aburridos, improvisados y superficiales" cuando verdaderamente ese "mérito" es de la dirección del periódico.
Es verdad que los políticos nos evitan, es cierto que emiten órdenes para limitar nuestros accesos y hasta el Presidente reconoce que existe un secretismo innecesario pero eso no justifica que los periodistas nos crucemos de brazos.
No solo en Cuba los funcionarios ponen trabas a nuestra labor, habría que recordar que en otros países estas pueden incluso costar la vida de nuestros colegas, a pesar de lo cual muchos de ellos continúan trabajando con seriedad y valentía.
Si Granma realmente cree que la información es un derecho del pueblo entonces debería defenderlo, pasar por encima de cualquier obstáculo y denunciar en sus páginas a aquellos que lo violan, ocupen el cargo que ocupen.
Mendigando permisos oficiales no se garantizará el acceso de la gente a la información. Si ese es el verdadero objetivo de Granma solo lo logrará saltándose todas esas prohibiciones de dudosa legalidad y ninguna moralidad.
Que tan poderosas pueden ser las fuerzas contrarias al cambio cuando la mayor parte de la población, la máxima instancia del gobierno e incluso los periodistas de a pie reclaman que la prensa se convierta en un reflejo crítico de la sociedad.
Las direcciones de los medios tienen en sus manos la posibilidad de responder a esa aspiración general pero el camino no pasa por repartir culpas sino por una autocrítica que ponga fin a la docilidad que tanto daña siempre al periodismo.
Los medios de prensa oficiales lo tienen casi todo: un plantel de periodistas con buena formación, están inmersos en la sociedad, con acceso real a casi cualquier lugar y con recursos materiales, escasos pero suficientes.
Si no lo hacen mejor es porque el buen periodismo necesita otros 3 ingredientes: independencia de compromisos espurios, irreverencia para tocar cualquier tema y valentía para buscarse problemas con los poderosos.
Dicho en palabras de José Martí "debe desobedecer los apetitos del bien personal y atender implacablemente al bien público".