Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.
En recuerdo de Nelson Mandela, un hombre con derecho a dormir por toda la eternidad que ha desplegado su huella en todo el mundo.
Despedimos en estos días al gran hombre que pronunció estas palabras y que, efectivamente, ha cumplido con su pueblo y con su país y puede, por tanto, dejarnos con laconciencia tranquila. Nelson Mandela deja una importante huella no solo en su país, Sudáfrica, sino en el mundo. Un hombre que pasó 27 años, casi un tercio, de su vida en prisión por luchar por la igualdad racial y que al salir libre supo perdonar a los que cometieron injusticias, dividieron y segregaron durante más de cuatro décadas. Así es, Nelson Mandela sentó las bases de la reconciliación nacional en una transición a la democracia casi modélica. En julio de 1996, cuando yo aún era una adolescente y pasaba un verano en Londres, tuve la oportunidad de ver a Madiba, aunque en ese momento no entendí exactamente el significado histórico de tenerle ante mis ojos. Era su primera visita oficial al extranjero. Tan solo dos años antes se extinguía oficialmente el régimen racista en su país (por cierto, respaldado por Thatcher) y se convocaban las primeras elecciones democráticas.
En 2002 pasé medio año en Durban como voluntaria. Ocho años después de las elecciones democráticas que llevaron a Mandela al poder, percibí grandes diferencias sociales y económicas entre la población blanca y la negra y un país con unos enormes clivajes sociales y económicos. Me consta que Sudáfrica ha avanzado desde entonces, pero creo que los retos también siguen siendo de peso.
En efecto, desgraciadamente la desigualdad y el racismo seguramente siguen representando los principales obstáculos, en mi opinión. Aunque los negros son mayoría (representando casi el 80% de la población), los blancos aún dominan la economía de Sudáfrica, y las cuotas y la discriminación positiva implementadas desde mediados de los años 90 poco han hecho por impulsar una igualdad real. Pues es un hecho que en los puestos dominantes de universidades, bancos, instituciones, etc, aún predominan los apellidos de origen europeo. Las diferencias se ven aún en la opinión pública (en buena medida, las razas siguen sin mezclarse con naturalidad). En la práctica, esto quiere decir que hay centros comerciales, autobuses, bares y zonas a las que únicamente acuden blancos o negros (aunque oficialmente no exista ya ninguna restricción ni prohibición). El padre de la familia con la que me alojé allá, de origen británico, era abiertamente racista y se vanagloriaba sin tapujos de sus opiniones contra los negros.
La violencia, fruto de la pobreza y de la mencionada desigualdad, es otro de los grandes problemas. Una cuarta parte de la población sudafricana se encuentra desempleada y vive con menos de 1,25 dólares estadounidenses al día, y desde el inicio de la crisis de 2008 se han destruido un millón de empleos. Como consecuencia, en muchas ciudades pueden verse urbanizaciones residenciales de lujo no muy lejos de lo que llaman squatter camps, enormes barrios e incluso poblaciones con condiciones de saneamiento deplorables y nula planificación urbana.
Otra grave lacra que sigue afectando al país es el SIDA, que se entiende entre una mayoría de la población negra, debido a la falta de acceso a la sanidad y a la inexistencia de una política de educación sexual efectiva. Cuando estuve allí en 2002 trabajé como voluntaria en una escuela primaria en la que un 90 por ciento de los alumnos (todos abandonados y ninguno blanco) tenía esta enfermedad (transmitida por padres enfermos sin recursos).
Además, Sudáfrica se enfrenta a una corrupción generalizada (en la que ha estado implicado el partido gobernante, el CNA, e incluso el presidente Zuma) y, más recientemente, a reivindicaciones de mejora laboral (un ejemplo con un trágico desenlace fue la protesta de un grupo de mineros en Lanmin en agosto de 2012; 34 de ellos fueron asesinados por la Policía).
Finalmente, es menester hacer una breve referencia al terreno de la economía sudafricana, cuyo crecimiento se ha desacelerado (previéndose este año una cifra del 2,7 por ciento del PIB), en gran parte debido a la crisis europea (a donde exporta un tercio de su producción). Además, su infraestructura aún no acaba de despegar. Y, pese a ser Sudáfrica un miembro de los BRICS desde 2011, es sin duda la economía más débil del grupo. Es la 28 economía mundial y su crecimiento en los últimos años ha sido, citando un artículo del Financial Times, “anémico”. En una entrevista en 2012, Jim O’Neill, el ejecutivo de Goldman Sachs que acuñó el término BRIC, dijo que Sudáfrica no pertenencia, en su opinión, al grupo. “Es una economía demasiado débil que de hecho ha debilitado el poder de los otros países del grupo”.
Pero más allá de las críticas y de los problemas, Sudáfrica se ha hecho un hueco indiscutible en el grupo BRICS y en la economía africana y mundial y tiene un gran potencial en sus recursos humanos y en su diversidad de culturas, idiomas y creencias religiosas. Este año Durban ha acogido una importante cumbre BRICS, en la que se ha impulsado la creación de un banco con la idea de hacer frente a la hegemonía del FMI y del BM y de gestionar sus economías y recursos con más independencia.
La voz de Sudáfrica en el mundo se elevará gradualmente a medida que logre resolver sus desafíos siguiendo el camino iniciado por Mandela. Un camino que se resume en su famoso discurso en el Dock en 1964: “Me he dedicado a la lucha del pueblo africano. He luchado contra la dominación blanca y contra la dominación negra. He buscado el ideal de una sociedad libre y democrática en la que todas las personas vivan juntas y con iguales oportunidades. Es un ideal que espero poder ver alcanzado en vida. Pero si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir”.
Mandela vio su ideal en parte alcanzado en vida y ahora nos deja; se va el hombre y el político que quizá mejor entendió y aplicó el significado de los conceptos perdón, humildad y altitud de miras. Su legado debe ser recordado y su figura aplicada como ejemplo de una lucha justa y de una reconciliación ejemplar de un país que no olvidó, pero que supo perdonar y mirar hacia adelante. Un país al que la muerte de Mandela deja huérfano.
*Katarina Ojeda Simon es jurista y politóloga que actualmente trabaja en el Parlamento Europeo
Fuente: Gaceta.es