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Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.

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Veintidós años en las cárceles castristas

05-06-12 
  • Martín Guevara
  • Por Martín Guevara

-Mira para eso, no lo dejan tranquilo ni en su celda -dijo un hombre que estaba

a mi lado en la parada de la guagua sosteniendo un periódico y repentinamente se produjo una división espontánea entre los transeúntes bulliciosos que se mostraban contrarios al improvisado comentarista y los que se alejaban en silencio como única manifestación de desaprobación.

 

El hombre, que debió abandonar su puesto en la cola del ómnibus dado el creciente

furor popular en su contra, comentaba un hecho que fue el que terminó de aclararme de hasta qué punto puede llegar la obnubilación de la gente cuando se la instrumentaliza y manipula, y hasta donde las truculentas excusas y estratagemas

de un gobierno para defender lo indefendible.

 

Corría el año 1982 y había saltado unos días atrás a la opinión pública el caso del

poeta y preso político Armando Valladares, sorprendentemente, ya que no era

habitual que esos temas se aireasen, a raíz de que Francia le otorgase el Premio Libertad que solo se les concede a escritores presos, una vez que se hizo famoso gracias al trabajo queAmnistía Internacional hizo para difundir el abuso cometido

sobre el escritor de "Desde mi silla de ruedas".

 

Las autoridades en aquellos días inundaban los periódicos y programas de

televisión intentando demostrar que la pretendida invalidez para caminar

del poeta era un embuste, una estratagema para lograr escabullirse del

justo castigo que ya se aproximaba al cuarto de siglo en un proceso sumario

en que no había concurrido hecho de sangre alguno. Resultaba soez.

 

Ningún otro hecho me hizo entender tan certeramente, la justa dimensión del convencimiento que tenían los ejecutores de la represión de estar haciendo

lo correcto, ellos que no escondían ni sentían vergüenza por el hecho del abuso

sobre los prisioneros, hasta se vanagloriaban de mantener en aquellas

condiciones a una persona que no estaba de acuerdo con el proceso que todo

el pueblo-decían- había decidido protagonizar, allí donde habrían debido decir:

secundar.

 

Ni las autoridades, ni el común de las personas eran capaces de ver siquiera

un exceso, en aquella impresentable cantidad de años de reclusión de un

disidente político, sin embargo veían como una conducta impropia de un

hombre cabal, el hecho de que presumiblemente simulase un impedimento

que lo obligaba a estar postrado y a moverse mediante una silla de ruedas.

Mientras tanto yo sólo podía admirar a quien había tenido la sangre fría,

el valor y hasta el sentido del humor de simular durante cinco años dicha invalidez. Que alguien tuviese que recurrir a tamaño ejercicio de precisión en la simulación me permitía acercarme mediante la imaginación al padecimiento de

aquel ser privado de libertad, cosa que por otra parte yo tenía muy a flor de piel ya

que mi padre cumplía prisión política también, por la intolerancia de otro Gobierno*,

pero de signo ideológico opuesto, de otro color de barniz pero de la misma madera. Paradójicamente a causa de la represión brutal que había en mi país de nacimiento, estábamos exiliados en aquella segunda patria que no debía conocer aquellos procederes.

 

Lo más perverso es que la prueba con que se contaba en su contra era un vídeo que

le habían grabado a lo largo de los cinco años que Valladares dijo padecer esa

dolencia, en el cual se podía apreciar a un hombre levantarse en medio de la

madrugada para hacer una serie de ejercicios para no perder el tono muscular

y quedar ciertamente inválido, según la versión de la televisión y de todos los

órganos de prensa.

 

Más allá de cuál sea la verdad objetiva en el contencioso de acusaciones de

falsedades mutuas, que se espetaron en su momento el ex preso político

 Armando Valladares Pérez y el departamento de Seguridad del Estado

en Cuba, acerca de si éste era policía secreto de Batista** y estaba involucrado

en acciones de terrorismo en La Habana en el año 1959, o si fue preso por

 negarse a colocar consignas comunistasen su oficina de trabajo -según

asegura el poeta-, lo cierto es que por una o por la otra razón, pasó la friolera

de 22 años en las prisiones cubanas.

 

Tuvo el valor de oponerse a vestir como un preso común y pasó varias

semanas desnudo y en celdas de castigo por su actitud altiva. Sin

embargo oficialmente se presentaba al poeta como un farsante, un simulador

que pagó con dos décadas de su vida en las mazmorras el precio de la

libertad de opinión, del manifiesto del disenso.

 

Hoy, a treinta años de aquellos días, el país continúa a cargo de los mismos

gobernantes, y a merced de sus decisiones sobre el destino de la gente, sobre

lo que se permite pensar, decir o ser.

 

Al margen de cualquier divergencia o concordancia con las ideas políticas de

Armando Valladares, de mi padre o de tantos presos y exiliados que perdieron

los mejores años de sus vidas por políticas crueles , caprichosas y despiadadas,

no me sentiría pleno si no uso mi voz para condenar a quienes el poder ha

logrado obnubilar y consideran que todo les pertenece, incluso la vida de

las personas, sean cuales fueren sus barnices ideológicos siendo idéntica

la voracidad de sus apetitos de libertades.

 

Aún así a la plenitud todavía le falta mucho por llegar.

 

Juan Martín Guevara de la Serna, padre de Martín, estuvo detenido en

Argentina entre 1975 y 1983 por ser militante del Frente Antiimperialista por

el Socialismo.

** Fulgencio Batista, presidente derrocado por la revolución de Fidel Castro

en 1959.

 

Martín Guevara es argentino, pero se crió en Cuba, donde su familia se

refugió huyendo de la dictadura (1976-1983). Desilusionado por el castrismo,

que dejó un país arrasado, hoy vive en España. Tiene un blog y está

escribiendo un libro sobre la situación en la isla y sobre su célebre tío,

Ernesto Guevara

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