Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.
Por vozdesdeeldestierro.juancarlosherreraacosta.over-blog.es
-Mira para eso, no lo dejan tranquilo ni en su celda -dijo un hombre que estaba
a mi lado en la parada de la guagua sosteniendo un periódico y repentinamente se produjo una división espontánea entre los transeúntes bulliciosos que se mostraban contrarios al improvisado comentarista y los que se alejaban en silencio como única manifestación de desaprobación.
El hombre, que debió abandonar su puesto en la cola del ómnibus dado el creciente
furor popular en su contra, comentaba un hecho que fue el que terminó de aclararme de hasta qué punto puede llegar la obnubilación de la gente cuando se la instrumentaliza y manipula, y hasta donde las truculentas excusas y estratagemas
de un gobierno para defender lo indefendible.
Corría el año 1982 y había saltado unos días atrás a la opinión pública el caso del
poeta y preso político Armando Valladares, sorprendentemente, ya que no era
habitual que esos temas se aireasen, a raíz de que Francia le otorgase el Premio Libertad que solo se les concede a escritores presos, una vez que se hizo famoso gracias al trabajo queAmnistía Internacional hizo para difundir el abuso cometido
sobre el escritor de "Desde mi silla de ruedas".
Las autoridades en aquellos días inundaban los periódicos y programas de
televisión intentando demostrar que la pretendida invalidez para caminar
del poeta era un embuste, una estratagema para lograr escabullirse del
justo castigo que ya se aproximaba al cuarto de siglo en un proceso sumario
en que no había concurrido hecho de sangre alguno. Resultaba soez.
Ningún otro hecho me hizo entender tan certeramente, la justa dimensión del convencimiento que tenían los ejecutores de la represión de estar haciendo
lo correcto, ellos que no escondían ni sentían vergüenza por el hecho del abuso
sobre los prisioneros, hasta se vanagloriaban de mantener en aquellas
condiciones a una persona que no estaba de acuerdo con el proceso que todo
el pueblo-decían- había decidido protagonizar, allí donde habrían debido decir:
secundar.
Ni las autoridades, ni el común de las personas eran capaces de ver siquiera
un exceso, en aquella impresentable cantidad de años de reclusión de un
disidente político, sin embargo veían como una conducta impropia de un
hombre cabal, el hecho de que presumiblemente simulase un impedimento
que lo obligaba a estar postrado y a moverse mediante una silla de ruedas.
Mientras tanto yo sólo podía admirar a quien había tenido la sangre fría,
el valor y hasta el sentido del humor de simular durante cinco años dicha invalidez. Que alguien tuviese que recurrir a tamaño ejercicio de precisión en la simulación me permitía acercarme mediante la imaginación al padecimiento de
aquel ser privado de libertad, cosa que por otra parte yo tenía muy a flor de piel ya
que mi padre cumplía prisión política también, por la intolerancia de otro Gobierno*,
pero de signo ideológico opuesto, de otro color de barniz pero de la misma madera. Paradójicamente a causa de la represión brutal que había en mi país de nacimiento, estábamos exiliados en aquella segunda patria que no debía conocer aquellos procederes.
Lo más perverso es que la prueba con que se contaba en su contra era un vídeo que
le habían grabado a lo largo de los cinco años que Valladares dijo padecer esa
dolencia, en el cual se podía apreciar a un hombre levantarse en medio de la
madrugada para hacer una serie de ejercicios para no perder el tono muscular
y quedar ciertamente inválido, según la versión de la televisión y de todos los
órganos de prensa.
Más allá de cuál sea la verdad objetiva en el contencioso de acusaciones de
falsedades mutuas, que se espetaron en su momento el ex preso político
Armando Valladares Pérez y el departamento de Seguridad del Estado
en Cuba, acerca de si éste era policía secreto de Batista** y estaba involucrado
en acciones de terrorismo en La Habana en el año 1959, o si fue preso por
negarse a colocar consignas comunistasen su oficina de trabajo -según
asegura el poeta-, lo cierto es que por una o por la otra razón, pasó la friolera
de 22 años en las prisiones cubanas.
Tuvo el valor de oponerse a vestir como un preso común y pasó varias
semanas desnudo y en celdas de castigo por su actitud altiva. Sin
embargo oficialmente se presentaba al poeta como un farsante, un simulador
que pagó con dos décadas de su vida en las mazmorras el precio de la
libertad de opinión, del manifiesto del disenso.
Hoy, a treinta años de aquellos días, el país continúa a cargo de los mismos
gobernantes, y a merced de sus decisiones sobre el destino de la gente, sobre
lo que se permite pensar, decir o ser.
Al margen de cualquier divergencia o concordancia con las ideas políticas de
Armando Valladares, de mi padre o de tantos presos y exiliados que perdieron
los mejores años de sus vidas por políticas crueles , caprichosas y despiadadas,
no me sentiría pleno si no uso mi voz para condenar a quienes el poder ha
logrado obnubilar y consideran que todo les pertenece, incluso la vida de
las personas, sean cuales fueren sus barnices ideológicos siendo idéntica
la voracidad de sus apetitos de libertades.
Aún así a la plenitud todavía le falta mucho por llegar.
* Juan Martín Guevara de la Serna, padre de Martín, estuvo detenido en
Argentina entre 1975 y 1983 por ser militante del Frente Antiimperialista por
el Socialismo.
** Fulgencio Batista, presidente derrocado por la revolución de Fidel Castro
en 1959.
Martín Guevara es argentino, pero se crió en Cuba, donde su familia se
refugió huyendo de la dictadura (1976-1983). Desilusionado por el castrismo,
que dejó un país arrasado, hoy vive en España. Tiene un blog y está
escribiendo un libro sobre la situación en la isla y sobre su célebre tío,
Ernesto Guevara
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