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Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.

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Venezuela: Constitución y revolución

SANTIAGO QUINTERO |  EL UNIVERSAL
lunes 7 de febrero de 2011  

En una república democrática, el respeto a los derechos ciudadanos es la primera norma. Cualquier gobierno de origen democrático, sabe que está supeditado a la voluntad popular que delega en él la acción pública al frente del Estado. Y allí es donde comienzan los desencuentros entre Constitución y Revolución, entre ciudadano y revolucionario, entre la República y la tiranía.

Para el revolucionario, no importan los medios, sino los fines, la obtención del poder. Para el ciudadano, el medio es su forma de vida, la cual está conformada por hábitos democráticos. Entre ellos el expresarse libremente, el asociarse libremente, el poder hablar y actuar sin coacción. El tener propiedades materiales respetadas por todos como extensión de sí mismo para construir su proyecto de vida, sin negar sus valores espirituales como persona, a los cuales supedita sus esfuerzos, enmarcados dentro del concepto de solidaridad y sensibilidad social a través del trabajo para que también los otros tengan su forma de tener algo. El concepto de Patria deriva de la vinculación no enajenable de la tierra en la que se vive en libertad. El concepto de Nación de la población que acuerda respetar sus derechos en torno a una Constitución en la que ha consagrado sus principios no negociables, su vida, su pensamiento, su libre expresión. La libertad, amigos revolucionarios, es un derecho esencial para un republicano y no negociable bajo ningún concepto. Para un republicano auténtico no hay vida sin libertad, porque la libertad es su propia vida. Y eso para el revolucionario que se ha lucrado de la Revolución es una piedra en el zapato porque es justamente el activo democrático en cuya presencia su poder no puede crecer más.

El revolucionario tiene un momento en la Historia para su Revolución. Y es un momento breve. La violencia dentro de la que insurge, solo puede mantenerse por un momento. Porque aunque se eliminen los odiados enemigos, el odio no se extermina con su desaparición física. Así es el odio, el propio cortocircuito de la vida humana, termina por destruir el cable que lo porta. Esa es una ley natural, es una ley física, es una ley humana que terminará atrapando a la Revolución. Cuando la Revolución permanece en un país por mucho tiempo, es que ese país ya está cortocircuitado, sin comunicación y libertad de expresión. Ese, es el paraíso ideal de las tiranías, que viven de la descomposición de las naciones. Tratar de mantener lo que por naturaleza es efímero, termina destruyendo a sus propios hacedores.

La Revolución termina en un nuevo orden y punto. Termina donde comienza la Constitución, porque ésta consagra los derechos ciudadanos que se procuraron con la primera. Si la Revolución no escribió la Constitución que quería, por qué ahora que es poder le molestan los derechos ciudadanos que se consagraron en ella, lo siento, ya es tarde, esa es la camisa de fuerza para que su poder no siga creciendo a cuenta de la apropiación indebida del derecho ciudadano. La Constitución es el orden social y de país que queremos todos porque para eso votamos por ella. Y cuando votamos por ella, la hicimos un concepto superior a la Revolución que inicialmente la suscribió junto con todos los ciudadanos. Con la Constitución todo, fuera de la Constitución nada. Ese es el Punto de Encuentro de todos los venezolanos. Esas son las reglas del juego democrático.

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