Por: JUAN A. MEJÍA
9-4-2014
Desde hace varios años, uno de los mayores temores que tienen muchos venezolanos es que, tarde o temprano, podamos convertirnos en un régimen similar al de Cuba. Es por ello que en el año 2007, decidí viajar a la renombrada isla para presenciar la realidad con mis propios ojos. Junto a mi hermano Alejandro, quien me acompañó en el viaje, tuve la oportunidad de conversar con miembros de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), estudiantes universitarios, campesinos y distintas personas que intentaban ganarse la vida con su trabajo.
Aquella visita me permitió sacar dos conclusiones. La primera, es que la grandísima mayoría de los cubanos tiene seguridad, salud, educación y vivienda. Y aunque la provisión de estos servicios pueda ser de muy mala calidad, millones de pobres en Latinoamérica se sentirían afortunados de contar con ellos. La segunda, y más importante, es que a pesar de las fuertes restricciones que existen en la isla, Cuba tiene un inmenso mercado negro, donde sus ciudadanos (especialmente los más jóvenes) intercambian todo tipo de bienes provenientes de diversas partes del mundo: radios, celulares, libros, computadoras, ropa, comida importada, y casi cualquier artículo que nos podamos imaginar.
Es decir, luego de 60 años de socialismo, el "hombre nuevo" del que hablaba el Che Guevara, ese ciudadano desprendido de cualquier posesión material, no existe. Y es que los seres humanos no vivimos sólo para comer, estudiar y trabajar. Vivimos para disfrutar de esos pequeños placeres que van más allá: escoger entre una comida u otra, visitar otros países, elegir ver la película que nos provoque o escribir un artículo de opinión como este. Hoy, gracias a la tecnología y a la interacción con turistas provenientes de todas partes del mundo, los cubanos se han ido dando cuenta de esta realidad.
El planteamiento que les hizo en su momento Fidel Castro a los cubanos, fue entregar la libertad a cambio de cierto grado de bienestar. ¿Es ese el mismo planteamiento que le hace Maduro a los venezolanos? La respuesta es un rotundo "no". Lo que tenemos en Venezuela es una versión pirata de Cuba. Primero, porque como lo expliqué un poco más arriba, el ser humano es libre por naturaleza, los venezolanos estamos conscientes de que el intercambio de una cosa por la otra es una trampa, que sólo se justifica para quienes quieren el poder eternamente. Y segundo, porque en Venezuela no sólo nos quitan la libertad, sino además son incapaces de ofrecernos bienestar.
Hoy, la gran mayoría de los venezolanos ven con buenos ojos la lucha pacífica por conquistar la libertad. Sin embargo, es un apoyo tácito, que en muchos casos no se traduce en acompañamiento activo. La razón por la cual esto no ocurre, es porque durante años los venezolanos, en especial los más pobres, han sido utilizados por grupos políticos que solo han mostrado interés en mantenerse en el poder.
El reto hoy, es convencernos nosotros mismos de que esta lucha se trata de alcanzar una libertad amplia, que va mucho más allá de conquistar unos derechos políticos.
El objetivo no debe ser cambiar a un gobierno por otro. Se trata de construir una sociedad, en donde, sin importar si naciste en La Bombilla o El Milagro, todos tengamos las mismas oportunidades de alcanzar nuestros sueños. Es este el concepto grande de libertad, en donde lo político y lo social se vuelven inseparables.