Cada día estamos más acorralados, como sociedad, por las reiteradas violaciones a la garantía constitucional de la privacidad, así como el desprecio gubernamental de las expresas disposiciones de la Ley sobre la Protección a la Privacidad de las Comunicaciones: es delito grabar la comunicación entre personas, es delito revelar en todo o en parte el contenido de esas conversaciones, además es delito forjar o alterar el contenido de esas grabaciones y si el autor es funcionario, la averiguación procede de oficio. El régimen ha ido apoderándose del Estado, las instituciones y ahora invade el ámbito de la sociedad civil y la conversación de los opositores, aliados, integrantes del partido oficial e incluso la familia, con la excusa de la seguridad de Estado.
Una de las características del totalitarismo es valerse de la violencia y en cierta manera ir sustituyendo el poder equilibrado y democrático por la violencia, por eso impone el protagonismo de las masas y lo totalitario abarca lo político, jurídico, económico y social, aplicándose sistemáticamente a la penetración de la vida privada, como lo analiza de forma descarnada Hannah Arendt, cuyo estudio sobre la materia es el más completo que se ha hecho, ya que la apuesta básica del totalitarismo es que todo puede hacerse en su nombre, incluso la violación a la Ley. Hay revoluciones constructivas como la americana, en tanto que su objetivo es una comunidad de ciudadanos y destructivas como la francesa, que termina en un hecatombe de sus propios participantes.
El totalitarismo rechaza la protesta aunque esté consagrada en la Constitución, ataca los sindicatos aun cuando sean simpatizantes de su ideología, acorrala las universidades porque obviamente está en contra de la multiplicidad de pensamiento y se muestra como el "Gran Hermano" contra lo individual, porque hay que perseguir con saña la pretensión de los seres humanos de pensar por su cuenta, tener ideas plurales y expresarlas en cualquier forma: persigue la opinión, busca la autocensura, divide a los opositores. Todo el que piense distinto es un enemigo, se trata de una lógica de dominio que no se limita a demoler las capacidades políticas individuales, sino que se traza el objetivo de reducir los grupos y las instituciones que conforman las relaciones privadas, anulando cualquier sentido de pertenencia al mundo de cada ciudadano, se destaca el miedo, la mentira, la identificación de controles hasta convertir a una sociedad normal con sus altibajos, ilusiones, creencias y aspiraciones de vivienda, trabajo y tranquilidad, en una sociedad cada vez mas totalizada.
Los venezolanos tenemos sentido de la realidad y esta es la oportunidad, a través del voto, de reforzar un padrón democrático con acciones apropiadas, que muestren una capacidad de respuesta excepcional para el momento político que estamos viviendo. La historia es un libro abierto que debe ser examinado por quienes disienten del régimen y por sus simpatizantes, ya que los totalitarismos amenazan a las revoluciones y finalizan acosándolas, como la muerte termina con la vida.
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