Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.
Hebe de Bonafini durante una manifestación en Buenos Aires. | Archivo Efe
Coincidí con ella en un Congreso de Derechos Humanos organizado por Naciones Unidas en Viena. Era junio de 1993 y las ONG´s reunidas denunciaban los atropellos cometidos en distintas partes del mundo.
No podía faltar Hebe de Bonafini, líder de las Madres de Plaza de Mayo, para clamar por los miles de Desaparecidos que la dictadura militar argentina había eliminado de la manera más atroz entre 1976 y 1983.
Para entonces el perfil de aquella mujer en perpetuo luto no mostraba trazos de bonhomía, sino el gesto crispado de quien rezuma odio. La madre coraje se había transformado en una fiera guardiana de la izquierda más radical.
El verano se asomaba tímidamente en la capital austriaca, pero en aquel encuentro los ánimos dispararon los termómetros. Fue en una conferencia pronunciada por el entonces Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, “Robertico” Robaina (destituido años después), cuando un puñado de exiliados cubanos intentamos abogar por la libertad en la isla y la liberación de los disidentes. Y allí, formando parte del entorno de la delegación castrista, una Bonafini desencajada nos increpó a gritos de “Gusanos, fuera” y “Agentes del imperio yanqui”.
Ese es el recuerdo que conservo de esta señora a quien, en otras circunstancias, la habría abrazado, solidaria con la desaparición de sus dos hijos varones y una nuera en la época tenebrosa que padeció Argentina.
Han transcurrido dos décadas desde aquel desagradable incidente, y hoy la aguerrida activista se ha visto envuelta en un escándalo financiero que puede echar por tierra la reputación de una organización que ha ganado prestigiosos galardones. Y es que, lamentablemente, desde muy pronto Bonafini se puso al servicio de gobiernos tan deleznables como la Junta Militar que torturó a sus hijos.
La génesis de su metamorfosis viene de lejos. Ocurrió antes de que se sumara al clientelismo político del binomio tóxico Kirchner-Fernández. Incluso es anterior a su relación con el psicópata Sergio Schoklender, que, increíblemente, se convirtió en apoderado de las Madres de Plaza de Mayo tras cumplir una condena por asesinar a sangre fría a sus padres con la ayuda de su hermano menor.
Hoy este parricida, quien hasta hace poco era como un hijo para Bonafini, enfrenta cargos de malversación de fondos que iban destinados a las obras sociales del grupo de las Madres y que se desviaron para lujos personales.
¿En qué momento Bonafini se descarrió de su noble causa y acabó siendo cómplice de otros crímenes? ¿Cómo es posible que se vinculara a los asesinos de ETA y las FARC que arrancan otras vidas? ¿De dónde le nace su alegría por las víctimas de los atentados del 11 de septiembre de 2011?
¿Qué la condujo a aliarse con el antisemitismo que justifica el exterminio de seis millones de almas? ¿Cómo sale de su boca herida un “Patria o Muerte venceremos”? ¿Cuándo manchó los blancos pañuelos de sus compañeras con turbias donaciones del chavismo y el kirchnerismo? ¿Cómo pudo ponerse bajo el ala protectora a dos hermanos siniestros que mataron a golpes a sus progenitores?
Una madre a la que le arrebatan a los hijos es una loba herida dispuesta a morir matando, pero las batallas más justas pueden derivar en escaramuzas de alcantarilla. Hace veinte años no reconocí en el rostro furibundo de Hebe de Bonafini a la mujer compasiva con el dolor ajeno. Su caída ha sido lenta pero inevitable.