Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.
Los cubanos escenifican este domingo de nuevo la farsa electoralpara renovar su Asamblea Nacional y las asambleas provinciales, tras un intrincado proceso de selección de candidatos, la mayoría militantes del partido único. Laoposición solo participa con su ausencia del teatro: insta a la abstención o al voto nulo o en blanco.
Unos 8,5 millones de electores están llamados a las urnas para ratificar la lista única de 612 diputados para el mismo número de escaños y a los 1.269 delegados provinciales. Aspirantes desconocidos por la mayoría de la población: no ha habido campaña electoral, ni debate sobre la dramática situación económica de la isla, ni programas.
El ensayo de la «opereta burlesca», como la describía hace poco el disidente Oscar Espinosa Chepe en Cubanet, fueron las elecciones municipales del pasado trimestre. Organizadas por los temidos CDR, la mayoría de los aspirantes eran militantes del Partido Comunista de Cuba (PCC), de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) o militares.
La puesta en escena continuó con la selección de candidatos a diputados y delegados provinciales, en la que participaron organizaciones sociales afines, como la Central de Trabajadores de Cuba (CTC). En este caso, la mitad de los aspirantes son delegados municipales y la otra mitad cargos medios y altos de la dictadura comunista.
«Este proceso garantiza que nuestra Asamblea Nacional sea tan rica; en ella lo mismo se encuentra un artista famoso, un deportista de altísimo rendimiento, un médico, un agricultor, un obrero, un estudiante», explicaba en la web del régimen Cubadebate el vicedecano de Derecho de la Universidad de La Habana, Juan Mendoza.
La edad media de los aspirantes a diputados es de 48 años, cerca del 49% son mujeres, el 37% negros o mestizos y en torno al 83% tiene estudios superiores, según datos oficiales. Espinosa Chepe, de 72 años, subrayó la «tendencia política oportunista» de elegir como candidatos a mujeres, jóvenes o negros, en esta «farsa, superior a la que hacía Fulgencio Batista».
Para el defensor de derechos humanos Elizardo Sánchez no hay duda: la mayoría de los aspirantes a la Asamblea Nacional del Poder Popular son miembros del partido único, «salvo dos o tres religiosos evangélicos». «Es un proceso de votación, no hay tales elecciones, es la carrera de un solo caballo, un solo partido», resumía el portavoz de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional.
El día de autos, los ciudadanos acuden a uno de los 29.942 colegios electorales habilitados; todos son conocidos de los CDR, que llegan a buscar a sus casas a los remolones para que voten. Aunque la cabina está cerrada, pocos osan garabatear la papeleta o escribir «Abajo Fidel». Cuando el ciudadano deposita la papeleta, dos «pioneros» de la revolución, colocados a cada lado de la urna con su pañuelo rojo al cuello, gritan «¡votó!» acompañado de un saludo militar.
Fidel y Raúl Castro, de 86 y 81 años, son una vez más candidatos a diputados por los municipios orientales de Segundo Frente y Santiago de Cuba. Mientras que el actual presidente de la Asamblea Nacional,Ricardo Alarcón, de 75 años, no aparece en la lista única; por lo que se deduce que será reemplazado en el cargo que ocupa desde 1993, previsiblemente por alguien próximo al general de Ejército. Si cumple su promesa de limitar los cargos a un máximo de diez años, será el último mandato presidencial de Castro, tras su indudable reelección por la nueva Asamblea.
Mariela Castro Espín, la hija del actual número uno cubano, será una de las principales caras nuevas. Mariela defiende los derechos de los homosexuales desde la dirección del Centro Nacional de Educación Sexual de Cuba (Cenesex). Otros nombres del próximo Legislativo son el conocido como «zar de las reformas económicas» Marino Murillo y el Historiador de la Ciudad de La Habana, Eusebio Leal Spengler.
Mientras Raúl Castro suele votar discretamente en un centro del barrio habanero del Vedado, muchos cubanos recuerdan con picardía el show televisivo que se organiza cuando llega al colegio electoral el sobre con la papeleta de Fidel Castro.
Consumada la farsa electoral, la nueva Asamblea ya está lista para designar al Consejo de Estado con «una coreografía perfecta, todos los diputados levantan y bajan la mano al mismo tiempo», señaló con ironía un diplomático occidental.