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Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.

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‘Welcome’ Lenin

  • ‘Welcome’ Lenin
    RUSIA
    Política de Regresión a la era Sovietica.
    MARTA RIESGO

    De la mano de Vladimir Putin continúa la recuperación de símbolos de la propaganda soviética

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  • La mayor catástrofe geopolítica del siglo”. Así define el presidente ruso, Vladimir Putin, la disolución de la Unión Soviética en 1991. Con estas declaraciones, realizadas poco después de llegar al poder, Putin dejaba bien claro cómo gobernaría: con Lenin y Stalin siempre presentes. La última medida adoptada por el líder ruso es la de recuperar el título al Héroe del Trabajo Socialista. 

    Miles de trabajadores soviéticos recibieron dicha distinción, que incluía privilegios especiales y la Orden de Lenin como reconocimiento. Uno de los más conocidos fue Aleksei Stajanov, minero ucraniano que dio nombre al movimiento obrero del estajanovismo al sacar, según la propaganda soviética, decenas de veces más carbón que sus compañeros.

    Pero esta no es la única medida nostálgica aprobada por Putin. Resucitó la bandera roja de la era soviética como enseña de las fuerzas militares y adoptó el himno soviético, pero con palabras modernizadas, como se hizo con el nacional de Rusia en el año 2000, después de su llegada al poder. Además, rescató los símbolos, la indumentaria y la iconografía soviéticos en las Fuerzas Armadas y así se puede ver cada año en el desfile que conmemora la victoria soviética sobre los nazis en la II Guerra Mundial.

    Críticas opositoras

    Las principales asociaciones de derechos humanos llevan años alzando la voz –de manera cada vez más reprimida por el Gobierno– exigiendo al Ejecutivo que se posicione “de forma inequívoca” en contra de las alabanzas “del mayor asesino de la historia rusa”.

    Desde la recientemente galardonada asociación Memorial, que centra su trabajo en sacar a la luz los innumerables crímenes estalinistas y en rehabilitar públicamente a sus víctimas, se ha mostrado nuevamente indignación ante celebraciones y recuperaciones de figuras de asesinos como la de Stalin. “Sería inconcebible que se alabara a Hitler en la Alemania actual”, dicen. “Entonces, ¿por qué en la Rusia supuestamente democrática se puede ensalzar a un genocida de las dimensiones de Stalin sin el más mínimo sonrojo?”.

    Tras la renuncia de Boris Yeltsin y su paréntesis democrático, su entonces delfín, Vladimir Putin, ocupó el poder y volvió a poner las cosas en su sitio, usando las inmensas riquezas energéticas como eje del renovado nacionalismo imperialista ruso.

    Regresión

    Putin rescató las formas, la vieja carcasa del ultranacionalismo ruso y, en esta regresión, se sustentó su segundo mandato (y todo apunta a que sustentará el tercero), así como el primero de su sucesor, Dimitri Medvédev.

    Ambos se han encargado de imponer las maneras de la ex URSS, atacando a la prensa crítica, restaurando el control policial sobre los residentes extranjeros o reciclando expresiones de cuño estalinista, como “enemigo del pueblo”, en nombre del cual se escuda cualquier tropelía (incluidas las desapariciones y los asesinatos políticos).

    Los sucesivos Gobiernos del tándem Putin-Medvédev no han movido un músculo a la hora de condenar los crímenes cometidos durante la época estalinista. Mientras que desde el Kremlin se apoya la recuperación de estatuas de Stalin y de su brazo ejecutor, Dzerzhinsky, fundador de la temible KGB, como “héroes de la patria”, en Rusia sólo existe un monumento dedicado a los millones de asesinados durante la época soviética, y está situada, además, en la lejana Magadán, puerta del infierno helado de los campos siberianos de Polimá.

    “El que no lamente la desintegración de la URSS no tiene corazón”, decía Putin en el 20 aniversario de su desintegración. Eso sí, “el que quiera su renacimiento no tiene cabeza”, puntualizó.

    Fuente: La Gaceta.es

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