Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.
Quizás sea apócrifo, mas "se non é vero é ben trovato".
Anda circulando una cita -dicen que del diario checo Prager Zeitung de 28 de abril- donde, refiriéndose a Estados Unidos, dice: "el señor Obama ... no es sino un síntoma de cuanto aflige a Estados Unidos. Culpar al Príncipe de los tontos no debe cegarnos ante la gran confabulación de tontos que lo hicieron príncipe. La república puede sobrevivir a Barack Obama. Menos probable es que sobreviva a la multitud de idiotas que lo hicieron su presidente".
¿¡Qué podría decirse, si no eso y mucho más, de otra cantidad de naciones!? España acaba de darle una merecida patada por el trasero a un imbécil planetario de nombre Zapatero, pero no sin antes haberle votado no una sino dos veces.
El problema es la tendencia que arrastra a las sociedades hacia una tal "democracia populista", sideralmente distante del concepto original de un gobierno de ciudadanos responsables.
Allí vale más el "show" mediático que cualquier planteamiento de fondo. Por eso se multiplican -sobre todo en el subdesarrollo- un sinfín de sainetes políticos que constituyen, todos y cada uno de ellos, un soberano insulto a la inteligencia.
Ofensas al sentido común con nombres como Evo, Cristina y Ortega, y eso sin nombrar -por pavosos- a los más absurdos y estrafalarios. Eso sí, todos electos, así sea con trampas.
En general, esa cáfila de payasos -apenas "síntomas" de quienes les eligen- a la postre terminan siendo puntos de equilibrio entre un electorado ignorante y frívolo, y un atajo de sinvergüenzas que les rodea, usualmente suministrando argumentos "ideológicos" y justificaciones políticas.
Cuando los payasos desaparecen, o por cualquier motivo pierden su utilidad, al país le quedan aquellos electorados, junto con los aprovechados que montaron todo aquel "show" en beneficio propio.
El antídoto parece ser una combinación de dos factores: de un lado, la consolidación de una sólida clase media con más ganas de apuntar para arriba, a fuerza de logros, que de tirar para abajo un carnaval de descalificaciones.
Por otra parte, generalmente interviene una costosa y dolorosa curva de aprendizaje -por aquello que nadie escarmienta en cabeza ajena- que resulta del estrepitoso fracaso de los castillos de arena montados por los populistas.
Donde impera el histrionismo apocalípticamente suele decirse que todos esos procesos terminan en un "baño de sangre": la España moderna muestra que en la práctica todo el tremendismo -de parte y parte- se resume en un diluvio de patadas por el rabo. Por demás muy merecidas.