Reportaje gráfico de Luis Sánchez/ Hablemos Press.
La Habana/ 11-11-2014
Sagua de Tánamo, municipio del oriente cubano, es poseedor de una de las tradiciones más singulares de nuestra identidad nacional: la Tumba Francesa, manifestación cultural originada con la llegada y asentamiento de los colonos franceses en tierras cubanas en su huida de las insurrecciones esclavas de Haití.
Como lo hicieran sus ancestros cinco generaciones atrás, la bimilenaria tradición, mezcla bailes de salón como el Minuet y la Contradanza; la elegancia y estilo es acompañada del vestuario a la usanza de los amos.
Las mujeres van exhiben sus trajes largos con pasacintas, chal y pañuelos, zapatos blancos, adornadas además con joyas; por su parte, los hombres combinaban el saco con la elegante corbata, todo ello obsequiado por sus amos.
A finales del siglo XIX y principios del XX esta práctica pierde auge, pues se disgregan sus practicantes. Es en el poblado de Bejuco, zona montañosa del Municipio Zagua de Tánamo, tras las investigaciones realizadas para la creación del Atlas Nacional de la Música, que se descubren vestigios de la Tumba.
Reconocida por la UNESCO como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, han preservado sus instrumentos percutivos originales, la orquesta está formada por dos tambores, el macho o premier, con un sonido grave, y el malmierca o hembra, con un toque más agudo, junto al catá y a las marugas o chachá; estas últimas, adornadas con cintas de colores, son los instrumentos que acompañan los cantos en lengua creole. El baile finaliza con el toque del pie del bailarín al tambor premier.
La agrupación músico danzaría es la primera vez que se presenta en La Habana. Sus tambores, con más de doscientos años de existencia, suenan al compás de la música heredada de los esclavos que sirvieron en los cafetales de los colonos franceses.