Esta mañana de domingo en que según me dice mi esposa algunos policías me buscan por San Germán yo saboreo un buen café que me brindaron los amigos donde estoy a buen recaudo. Comparto con ustedes algunas opiniones de cuanto cambia en mi país la historia del café.
Durante mi infancia me crió abuela María, quien a mí y otros
primos nos enviaba a la escuela después de un buen jarro de café y un
trozo de pan entreverado con mantequilla, queso o alguna hilacha de carne
que hubiera sobrado de la comida del día anterior.
Ahora el gobierno cubano volvió a imponer el café mezclado “con
sucedáneos” como única manera de beber el tinto que tanto gusta en la
familia cubana. Por estos días vienen a mi mente los inicios de los años
’80, entonces en cuba vendían el café en granos, crudo. Un camión
distribuía cada quincena unas onzas racionadas que la gente se llevaba a casa, lo
tostaba a su gusto y lo molía en pilón, pero eso es historia, un pasado
que no volverá por ahora en la isla.
Tomar café puro por acá en estos días ya es tan peligroso como matar una vaca para comer su carne porque viajar de un pueblo a otro con unos granos de café en una mochila implica andar en “negocios ilegales” y si un inspector o policía te atrapa ya sabes que la multa por ‘la ilegalidad’ no te la quitas de arriba. Conozco personas, a los que
les da dolor de cabeza si no sorben al menos una tacita de café el día. Hay
quienes han tostado hasta platanillo, el fruto de un arbusto que pare unas
fundas alargadas, como sucedáneo del café.
Por si no lo saben, en la ciudad de Holguín había una tostadora de café en
el centro de la ciudad, casi al lado del Hospital pediátrico provincial,
el humo que se esparcía por los alrededores, era agobiante, un desecho tóxico
bastante molesto cuando tostaban el chícharo o frijol blanco, como ocurrió
en muchas ocasiones.
Tengo entendido que hace poco la Organización Internacional del Café
reiteró que todo café que está mezclado más allá del 5 % no debe llamarse
café, lo que es para alarmarse si tomamos en cuenta la leyenda que reza en
el sobrecito que ahora expenden por la cartilla de racionamiento y que
dice que el mismo se mezcla al 50 %.
Tanto en la televisión cubana como en los periódicos provinciales, han
salido los defensores de las fechorías de siempre. En el periódico Ahora,
de Holguín, alguien explicó el modo de prepararlo en la cafetera, como si
se tratara de instalar una computadora o movernos dentro de una nave
espacial, haciendo alusión a pasadas semanas cuando explotaron por los
aires varios de estos artefactos. Un directivo de la empresa provincial en
La Habana llegó a decir incluso que antes de esta medida llegaron a
mezclarlo a más del 50%, lo que olvidó decir fue que nunca se lo
anunciaron al pueblo.
Para los servicios de desinformación, tanto en la TV como en la prensa
plana, los cubanos debemos asentir a cada medida sin chistar, y caso
curioso, cada acción es a favor del pueblo.
No nos asombremos si mañana nos anuncian que nos venderán el arroz
mezclado con algún sucedáneo.
