Por Jorge Alberto Liriano Linares/ Hablemos
Press.
CAMAGUEY.- El pasado 13 de agosto fui liberado
por cumplimiento de sanción. Los últimos
seis meses de encierro permanecí confinado
en la prisión de Máxima Seguridad, Régimen
Especial, Kilo 8; tal vez fui enviado a
la prisión para que nunca olvidara el dolor
del presidio.
Es cierto que en esta prisión el riesgo es mucho
mas sistemático, pero ya para nadie es un secreto que en el interior
de las prisiones, a nivel nacional, la única garantía de vida que se conoce
son los maltratos; las torturas físicas y psicológicas, la humillación y el
menoscabo a la dignidad humana; que prevalece el hacinamiento,
la insalubridad, el hambre y las enfermedades.
Es un hecho probado que la política represiva del Sistema Penitenciario,
lejos de educar y rehabilitar envilece, destruye y mata hasta la
propia ilusión de seguir viviendo. La deplorable situación en que
viven y son tratados los prisioneros cubanos reflejan la total
desvalorización del concepto humano del sistema Castro-comunista;
hay que vivirlo en carne propia; sufrirlo, para poderlo creer.
El rigor de las Cárceles Cubanas, y en especial el que se aplica a los
presos políticos, es extremo.
El mismo día de mi Liberación me trasladé a La Habana, porque ya
había sufrido mi primer arresto en territorio Villaclareño, donde me
declararon persona no grata después de abandonarme en la Autopista
Nacional, donde milagrosamente pude abordar un camión rastra y llegar
a la Capital.
Ya no tengo casa donde vivir; mi vivienda fue confiscada por el régimen
en el año 2001, a raíz de mi encarcelación; y por razones ideológicas
también perdí los vínculos con mi reducida familia.
Ya en La Habana, luego de dormir en la terminal y deambular por las
calles, fui recibido por hermanos del Frente Nacional de Resistencia
Cívica (OZT) y Directivos del Partido Pro-Derechos Humanos afiliado
a la Fundación Andrei Sájarov, los dignos compatriotas Sara Martha
Fonseca Quevedo y Rodolfo Ramírez Cardoso, a quienes agradezco
sinceramente y de todo corazón su hospitalidad provisional.
Todo cuanto hoy enfrento no me sorprende; es una realidad que tarde
o temprano debía enfrentar; no obstante, a pesar de todas las
adversidades y penurias que enfrento, quiero dejar bien claro que
nada me hará doblegar. Traigo de Dios su bendición y de Martí el
pensamiento. Sufrir por la libertad del pueblo que me vio nacer me
llena el pecho de orgullo; sobran las ideas de principios que jamás
podrán someter ni doblegar.
En mi concepto, la dignidad no es sólo una palabra; la dignidad no
tiene precio, y mucho menos admite chantajes; pues no se trata sólo
de mí, se trata de la cruel realidad que sufre mi pueblo y la
podredumbre en que se debate, tras más de medio siglo de dictadura
totalitaria.
No se trata de mi miseria, sino de mis hermanos, a quienes no puedo
olvidar; los prisioneros políticos que exponen sus vidas, día tras día,
en el interior de las cárceles. Resulta imposible olvidar a los miles
de presos comunes en condiciones infrahumanas, a quienes se les
violan y ultrajan todos sus derechos; se trata de las muchas
verdades que he publicado y continuaré publicando; de la libertad y
democracia del pueblo.
Siento que a un hombre lo pueden encarcelar; lo pueden destruir
y arruinar su bienestar, hasta verse viviendo en las calles, carente
del más mínimo recurso; le pueden hasta quitar la vida, pero jamás
podrán vencerlo.
En estos duros y largos años de encierro, y de violaciones a mis
derechos humanos; de dolorosas perdidas familiares y de extrema
represión, donde tuve que enfrentar salvajes golpizas, crueles
torturas en Celdas de Castigo y las injusticias y abusos de extrema
aberración -al punto de arriesgar mi vida constantemente- nunca
lograron doblegarme, ni arrebatarme la dignidad, la moral y el espíritu
de luchar que me caracteriza; por ello, ayer desde el encierro y hoy
desde las calles, continuaré levantando mi voz y seguiré apelando a
la verdad como nuestra principal arma.
Hago mías las palabras del Apóstol cuando expresó: “¿Qué derecho
tengo yo a derramar lágrimas cuando otros sufren más que yo; cuando
otros lloran sangre?”.
Ruego a mis hermanos, colegas y compatriotas en el exilio; a mis
hermanos en Cristo y en la causa libertadora; a las organizaciones
políticas y defensoras de los Derechos del Hombre, a la Comunidad
Cristiana Internacional y a los diferentes medios de prensa, escritores
y periodistas, su apoyo moral y espiritual.
Reconozco que mi situación es en extremo difícil, pues no contar con
un hogar, ni recursos ni familia me hace muy vulnerable, pero por
ello no dejaré de confiar en Dios, y mucho menos en ustedes y
en toda la humanidad, que son mi verdadera familia.
Una grandiosa familia que seguirán siendo mi guía y ejemplo,
haciéndome crecer de la penuria y el desamparo. Estoy preparado para
dar lo que me queda de vida por ver un día sonreír a esta nación;
a mi pueblo que todos los días se levanta llorando.
Salí de la Prisión con la misma voluntad de trabajar por la libertad
y el progreso de la Patria; sólo les suplico un poco de sensibilidad y
solidaridad humanitaria. Con su apoyo podré continuar dando mi humilde
esfuerzo en pos de una Cuba libre y democrática. Reciban la Bendición
de Dios y un fraternal abrazo en Cristo y en Cuba.
