Por Ernesto Aquino/ Hablemos Press.
La Habana, 18 de diciembre.- Fidel Castro ha sido
elegido candidato a diputado por la provincia Santiago
de Cuba, y sus condiciones de Prima Balerina Absoluta
de la revolución cubana lo sitúan -“por sus
extraordinarios méritos”- como el único candidato
con posibilidades para ocupar la máxima dirección
política en la provincia santiaguera; de manera
que -forzosamente- tendrá que ser electo.
Esta nueva payasada, sólo tiene el propósito
de presentarlo ante el pueblo cubano (y por qué no,
ante el mundo) como un hombre capaz de renunciar
a lo que le corresponde por derecho propio.
Tal vez, tengamos que asistir a los dimes y diretes de ese barato y
aburrido vodevil donde se presenta, por una parte a un pueblo
conmovido y mortalmente emocionado que lo elige por unanimidad,
y por la otra, al viejo demonio -santificado por la incapacidad- que
sigue delegando la miel de sus poderes en la nueva generación de
viejos que, a diferencia de él, todavía caminan y comen solos.
Porque señores, considerando el deterioro irreversible del máximo
líder, si esa reliquia del fracaso socialista resultara electo
diputado, el Ministerio de Transporte tendría que enfrentar el más
grande desafío de su historia revolucionaria; pues ante la
imposibilidad de mover el cadáver viviente hacia el interior del país,
tendrían que trasladar hacia La Habana la provincia Santiago de
Cuba, y encontrar el modo de reducirla para que quepa
-cómodamente- en el punto cero.
