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Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.

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Del exilio dorado a vivir bajo un puente

| Historia de un ex presidiario del régimen castrista

El disidente cubano Carlos Martín. | A. Pastor

El disidente cubano Carlos Martín. | A. Pastor

  • Carlos Martín es un disidente cubano que llegó a España hace unos meses
  • Fue expulsado de un centro de refugiados y quiere viajar a Estados Unidos

Sofía Jiménez | Málaga

 domingo 23/10/2011

Carlos Martín Gómez es un disidente cubano que llegó a España, acompañado de su familia, gracias a los acuerdos establecidos entre el Gobierno español y el cubano. Este expresidiario del régimen castrista dejó su lugar de origen para encontrar una vida mejor, pero, lejos de conseguirlo, ha terminado durmiendo bajo un puente del río Guadalmedina quejándose del abandono por lo que él considera incumplimientos de los acuerdos por los que llegó a España.

El pasado 17 de marzo Carlos Martín, junto a nueve miembros de su familia, aterrizó en Madrid dejando atrás 21 años de presidio. «Yo me encontraba recluido en un régimen especial, lo llamaban el triángulo de la muerte», asegura Martín, quien recuerda aquella prisión, un lugar donde «han matado a mucha gente».

Sus últimos seis meses de encarcelamiento los pasó «en una celda de aislamiento, desnudo, sin cama, sin agua, incomunicado, enfermo de los pulmones, recibiendo palizas». Entonces llegó el acuerdo gracias a la presión internacional ejercida desde la Unión Europea y Amnistía Internacional.

Martín asegura que nunca quiso dejar Cuba, pero el agotamiento físico y psicológico en el que se encontraba pudo con él. «Entré por tres años en la prisión, por defender los derechos de mi pueblo y me he montado en 47 años de sufrimiento».

Con un pie dentro de la cárcel y otro fuera este cubano mantuvo su actividad reivindicativa hasta sus últimos días en la isla, por lo que afirma que se dieron prisa en ponerle rumbo a su nuevo destino. «No querían que hablara demasiado», recalca. «Menos mal que nos vamos porque yo pensaba que te mataban», le dijo su hermana.

Pero al llegar a Madrid comenzaron los problemas. Entre la familia, compuesta por diez miembros, viajaban dos menores de edad, una sobrina y la esposa de una sobrina de Martín, por lo que «la Policía nos dijo que los niños provenían de un tráfico ilegal». «Querían quitarnos a las niñas y llevarlas a un centro de reclusión», cuenta Martín, pero todo se solucionó gracias a su hermano, que mandó los papeles desde Cuba, por lo que, hasta hoy, todavía debe dinero. «La Seguridad del Estado se quedó con esos papeles por lo que nunca llegaron a España», cuenta.

Tras un mes hospedados en el hostal Welcome de Vallecas (Madrid), la familia fue trasladada a Málaga para instalarse en el centro de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), donde comenzó un nuevo calvario.

Expulsados de un centro

«Criticamos las condiciones infrahumanas del centro que estaba en construcción y donde varias personas llegaron a coger escabiosis», relata Martín. «La Policía nos echó del centro por denunciar la situación que allí se vivía y nos mandaron al albergue municipal donde, al llegar, vimos a la gente tomando droga, bebida...», por lo que decidieron no quedarse y hospedarse en la misma calle.

Pero su periplo a la intemperie tuvo que esperar unos días ya que, desde el Ayuntamiento de Málaga, los trasladaron hasta la pensión Terminal, donde durmieron tranquilos durante 20 días. Tras este largo devenir, la familia al completo terminó durmiendo bajo el puente de la Aurora manteniéndose gracias a los trabajos esporádicos que Martín conseguía a través de la ayuda de unos y otros.

Eso es precisamente lo que reclaman, trabajo y vivienda. Por ello, los familiares de Martín pusieron rumbo hasta la puerta del Ministerio de Asuntos Exteriores en Madrid donde, desde finales de julio, establecieron un campamento de protesta para exigir la consecución del acuerdo establecido entre el gobierno español y el cubano, que les aseguraba una casa y un trabajo a su llegada al país.

Todos se quedaron en Madrid, menos Martín, que regresó a Málaga donde recibe la ayuda del centro ciudadano de Lagunillas, y su hija que, al dar a luz en Málaga, consiguió un piso para albergar a un nuevo ciudadano español.

«Todo lo que prometieron fue mentira, todo el mundo se ha limpiado, se echan la culpa de unos a otros y nosotros estamos en la calle», subraya. «Yo no tengo documentación, soy ilegal», asegura este expresidiario, el único de toda la familia que no ha conseguido poner su situación en regla.

«A mi familia le dieron toda la documentación y esperan una entrevista para poder marchar a Estados Unidos pero a mí no me dan nada porque dicen que yo soy el cabecilla», cuenta este cubano.

Martín se arrepiente de haber venido a España y asegura que aquí corren peligro porque, junto a todos los exiliados cubanos, también llegaron espías del gobierno de Raúl Castro con los que, según relata, han tenido desafortunados encuentros. «Zapatero tiene tanta culpa como Castro», dice este indignado cubano que no duda en tildar al presidente de España de «comunista» y asegurar que, después de hacerse la foto para la prensa, el Gobierno español no ha hecho nada por ellos.

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