Anna Chapman
© RIA Novosti.Encontré a Anna Chapman, la controvertida “agente secreta rusa” que salió en los diarios tras su arresto en Washington en verano de 2010, en un restaurante en el centro de Moscú.
A pesar de que protagoniza las noticias desde que regresó a casa en el marco del dramático “intercambio de espías” en Viena, Chapman a sus 30 años es muy reticente ante la prensa.
“No necesito publicidad para mí misma”, dijo picando un korma de cordero. “No vendo discos.”
Nuestra entrevista tiene lugar horas después de que concluyera una protesta opositora por la victoria de Vladímir Putin en las presidenciales del 4 de marzo. Es bien conocido que Chapman apoya a Putin, con quien cantó karaoke tras su regreso a Moscú.
“Es un líder fuerte”, dijo al agregar “que esto es lo que necesita Rusia”.
Es poco conocido su amor a la comida hindú, que se formó durante la vida anterior en el norte de Londres. “No soy aficionada a cosas picantes”, confesó. “Y aprendí a encargar sólo un plato a la vez.”
Pero no estamos aquí para hablar de Putin ni de la comida curry.
Chapman está loca por hablar de su fundación filantrópica Derecho a una sonrisa, que ayuda a los niños ciegos y semiciegos en su ciudad natal de Volgogrado (anteriormente Stalingrado), ubicada a unos 900 kilómetros al sur de Moscú.
Se inspiró a iniciar su trabajo filantrópico al reunirse en Moscú con el difunto Rolf Schnyder, director general del fabricante de relojes suizo Ulysse Nardin. “Me dijo que no me preocupara de nada y sólo hiciera mi trabajo”, recordó. Una buena parte de dinero para la filantropía se obtiene por la venta de relojes de diseño llamados Lady in Red (Dama de Rojo). Sea coincidencia o no, pero Chapman llevaba un vestido rojo cuando nos reunimos.
Chapman regresó a Rusia hace dos años y en este período ya lanzó un programa televisivo, posó para la revista masculina Maxim y trabajó en el grupo juvenil favorable al Kremlin Molodaya Gvardiya (Guardia Joven).
Además, es editora de Venture Buisiness News, que reporta noticias sobre el proyecto del presidente ruso, Dmitri Medvédev, Skólkovo, la versión rusa del Valle de Silicio.
Pero parece que todo su entusiasmo lo invierte en el trabajo filantrópico.
“Me hice menos egoísta al regresar a Rusia tras mi arresto y tuve que hacer algo no sólo para mí”, dijo.
“Trato de romper el estereotipo de que no se puede hacer filantropía en Rusia”, continuó. “Cuando vivía en Inglaterra y Estados Unidos, observé que todos se dedicaban a la caridad y trabajo social.”
“Pero la filantropía tiene mala reputación en Rusia. Pocas personas se dedican a este trabajo. Y normalmente lo hacen por razones perversas. Para adquirir popularidad, por ejemplo. Hay también mucho disgusto y sospechas sobre la corrupción.”
Y aunque Chapman opta por abstenerse de entrevistas, sabe bien que su fama es una ventaja obvia si se trata de promover su trabajo filantrópico.
“No me gusta nada ser celebridad de prensa”, dijo. “Pero entiendo que tengo que usar mi fama para beneficiar a otras personas, es por eso sigo siendo una de éstas.”
“Ser famosa desfavorece a mi vida personal”, agregó. “No puedo salir con nadie, especialmente en público. No me gusta que mi vida privada sea publica.”
Un encuentro a Chapman es una experiencia rara. En vez de la imagen popular de ser una mujer fatal, coqueta y calculadora, Anna parece extremadamente normal. Además, y esto se nota inmediatamente, protege mucho a su privacidad.
Hace poco Chapman protagonizó un artículo en New York Times, uno que recompensó la “ausencia de hechos reales, sin entrevistas ni respuestas”, y se ve que no quiere que su imagen sea tergiversada por la prensa.
“Durante un año ni siquiera dije el fondo que ayuda a los niños en Volgogrado es mío”, señaló. “La prensa escribió que participaría en las elecciones parlamentarias, aunque jamás había dicho que planeaba hacerlo, las personas podrían pensar que lo hacía para la publicidad.”
En vísperas de las elecciones parlamentarias de diciembre la prensa reportó que Chapman se postularía como candidata del partido de Putin Rusia Unida. Pero se negó a revelar si de verdad se lo hubieran propuesto. “Es una pregunta política”, sonrió.
Los intentos de Chapman de ayudar a la comunidad ciega de Volgogrado no siempre pasaron sin complicaciones, en particular el proyecto de instalar semáforos sonoros, obstaculizado por el famoso papeleo de la burocracia rusa, a la que Anna denomina “una pesadilla burocrática”.
“Logramos instalar sólo ocho semáforos, así que teníamos que preguntar cuáles fueron los mejores lugares para instalarlos.”
“¿Podría usted imaginarse una cosa más fácil?”, preguntó desesperadamente. “Tardamos nueve meses andando de oficina a oficina para arreglar el asunto.” “Si no conociera personalmente al gobernador de Volgogrado, nunca podríamos resolver el asunto.”
“Como se sabe, existe un enorme problema con los perros guías en nuestro país”, dijo, mientras seguíamos hablando de los obstáculos con los que se encuentran las personas ciegas en Rusia, especialmente en las regiones menos desarrolladas que Moscú.
“¿Cuál es el problema?”, le pregunté.
“No hay perros”, dijo con cara inexpresiva.
Chapman y su equipo trataban también inventar un sistema para examinar los supuestos problemas de vista a los niños mayores de siete años de la extendida región de Volgogrado, pero hasta ahora no han logrado llevar a cabo el proyecto.
“Los oficiales estaban muy ocupados con las elecciones”, suspiró.
Pero no sólo los ciegos lo pasan duro aquí, incluso en Moscú los servicios públicos carecen de facilidades para los físicamente discapacitados.
“Sí, la mayoría de las personas con discapacidades tienen una vida dura en Rusia”, dijo Chapman con seriedad. “Pero la situación está cambiándo rápidamente.”
Tampoco es fácil asegurar a los donantes que su dinero se gasta de manera prudente.
“Queríamos que las personas que ayudan a nuestro fondo vean los resultados de sus donaciones. Quería que todo fuera completamente transparente”, explicó. “Así que pedimos a los chicos que hablaran ante la cámara después de las operaciones, pero muchos padres no dieron su permiso.”
“Tenían miedo de que podríamos abusar de los vídeos de alguna manera”, dijo. “No les acuso a los padres porque nadie les ha ayudado antes.”
Chapman atrajo a las personas famosas de Rusia a su trabajo filantrópico, entre ellas la cantante pop ciega de nacimiento, oriunda de Georgia, Diana Gurtskaya. “Da clases a los niños y les inspira mucho”, dijo Anna con mucho entusiasmo.
Asimismo reveló que visita también a los niños de Moscú y de las afueras. La pregunté si los niños se fijan en que les visita la mujer que protagonizó una de las historias más destacadas de los últimos años en el mundo periodístico. ¿Si lo saben ellos?
“No”, dijo Chapman con una sonrisa. “No les importa. Para ellos soy simplemente Anna.”