Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.
La Habana-20 marzo. DPA – Aunque el Vaticano subraya el carácter únicamente
“pastoral” de la visita de Benedicto XVI a Cuba, los acontecimientos de los
últimos días dejan claro que el Papa llegará a un país distinto para la
Iglesia católica.
La proscrita oposición cubana exige desde hace semanas que Benedicto se
reúna también con representantes de la disidencia. El fin de semana, la
tensión escaló con el arresto temporal de más de 70 activistas opositoras de
las Damas de Blanco.
Tras la reciente ocupación pacífica de un templo en La Habana, la propia
cúpula eclesiástica cubana pidió que no se conviertan sus iglesias
en “trincheras políticas”.
En cualquier otro país de América el arraigo de la fe cristiana es más profundo
que en Cuba, pero, al mismo tiempo, en ningún otro la Iglesia ha adquirido
un papel tan crucial como actor político y social como en la isla caribeña
en los últimos años.
Sobre todo la llegada de Raúl Castro al poder a partir de 2006 creó nuevos
espacios para la jerarquía eclesiástica en el único país comunista
del hemisferio occidental. La mediación del arzobispo de La Habana, cardenal
Jaime Ortega, logró hace dos años la liberación de decenas de presos políticos.
La Iglesia cubana, asimismo, reivindica públicamente su papel en la
búsqueda de la “reconciliación” nacional y ha conseguido abrir canales
de diálogo con la numerosa comunidad cubana en el exilio.
La histórica visita de Juan Pablo II, la primera
de un pontífice católico a la isla, marcó en
1998 una senda nueva para la Iglesia cubana.
“Que Cuba se abra al mundo y que el
mundo se abra a Cuba”, proclamó el papa
polaco en la Plaza de la Revolución de La Habana.
Su visita devolvió oficialmente la fe católica a
la isla tras décadas de restricciones. Cuba, que se declaró atea tras el triunfo de la
Revolución, restituyó desde entonces el día de Navidad como único festivo religioso.
Catorce años después, varios sectores de la sociedad cubana esperan
otra vez con expectativas la visita papal, con la isla sumida en un profundo
proceso de cambios económicos impulsados por el “raulismo”.
“Benedicto XVI llega a un país que está en proceso de transformación,
reformas o actualización”, señalaba recientemente en un editorial la
revista de la Arquidiócesis de La Habana, “Palabra Nueva”. Un proceso,
agregaba el texto, iniciado “tras un cambio de jefe de Estado y la evidencia del
agotamiento del modelo del socialismo real paternalista”.
En un país con pocos foros de opinión pública alternativos a la prensa oficial,
publicaciones cercanas a la Iglesia como “Palabra Nueva” o “Espacio Laical”
piden a menudo mayores posibilidades de participación política para amplios
sectores de la sociedad cubana.
Al mismo tiempo, la jerarquía eclesiástica rechaza asumir el papel de “catalizador
de cambios radicales” pretendidos por algunos sectores. El riesgo de que se quiera
atribuir esa tarea a la Iglesia se debe a “la ausencia de otras entidades, grupos
o partidos independientes” en el país, constataba “Palabra Nueva”.
Por otro lado, la Iglesia se ve también forzada a negar que su función de
interlocutora pueda convertirla “en aliada natural del gobierno”. Algunos
representantes de la disidencia cubana acusan a la jerarquía eclesiástica
de “legitimar” con el diálogo la política del régimen.
No se trata de una tarea fácil. Jalonada entre roles antagónicos, la Iglesia
insiste en la búsqueda del “diálogo” y la “reconciliación” como su única misión.
Joseph Ratzinger, que cumple 85 años el próximo mes, estará en Cuba entre
el 26 y el 28 de marzo. En sus cuatro mensajes públicos en poco más de 48
horas, el papa deberá cimentar o redefinir ese papel de la Iglesia frente al gobierno
y la sociedad cubanos, así como el exilio y la disidencia interna.
Además de sus palabras de saludo y de bienvenida y una misa a cielo abierto
en Santiago de Cuba, sobre todo la homilía en la Plaza de la Revolución de La
Habana del día 28 será el principal catalizador del mensaje más terrenal
de su visita.