El arzobispo habanero que se enfrentó a Juan Pablo II, no en el modo, sino en el hecho de enfrentar al régimen castrista, nada dijo de la reciente muerte de Laura Pollán líder de las damas de blanco en muy sospechosas circunstancias inoculantes bajo la mano de la policía política gestapiana caribeña castrista, y tras haber sido acosada física y mentalmente. Ni una palabra, y ni una misa. Y, qué casualidad (calculada), sucede en los días cuando cumplía 75 años y se excusa notificando la vacancia de su sede apostólica por edad, ahora pendiente vaticanal. Esperante, y ejerciente. Algunos hablan hace tiempo de los ya famosos chantajes personales íntimos en los que son especialistas los del G2 cubano, cámaras y micros ocultos. No digamos de las prebendas, favores y privilegios que concede el régimen a los que le sirven, sino “elegir” la persecución eterna de los disidentes y críticos. Los gulags caribeños que el cardenal degustó en su día, y sobre todo el gran Gulag de 120.000 km2, producen una lavanada cerebral digna de tesis de los mejores psicoanalistas sociales, aunque yo preferiría también lo estudiase algún que otro comprometido demonólogo en clave de exorcismo nacional. Especial en Occidente este país y demonios radicados que han dañado mucho a lo largo del globo por décadas, y siguen haciéndolo impunes. Pero hoy ya con la Iglesia funcionaria-clerical, Dios y su justicia igual se sirve de elementos más expeditivos, terminantes y militares imperiales, con complicidad judeo-rabínica. ¿Escatológica, o apocalípticamente? Sólo Dios lo sabe. POR ALEJANDRO DE FEZ