Con esta interrogante y otras más me asaetea cada semana una encuesta internacional sobre las potencialidades y efectividad del trabajo por cuenta propia en Cuba. Claro que no es malo volver a contar con los jugos de frutas, los zapatos y otros productos que se perdieron del hogar cubano desde hace varias décadas. Es bueno que miles de mis conciudadanos se hayan zafado del látigo burocrático para comprar o vender un pantalón, de la antipedagógica indicación de ordeno y mando.
Es bueno, siempre será bueno, que la gente aprenda a planificar sus vacaciones y se acabe de una vez y por todas la maldita meritocracia que ha hecho del centro laboral una guarida de delatores y un campo de batalla por una reservación veraniega en una cabaña a la orilla de un río, o un ticket para comprar un televisor de fabricación china.
A la larga, reconociendo aún el peso que tienen las operaciones subterráneas en las economías emergentes del tercer mundo, debe ser fatídico que tengamos que sostenernos a base de las extracciones ilegales para fortalecer el universo de lo que mañana será la pequeña empresa. Los costos, la factibilidad, las utilidades, son términos que se hacen trizas cuando descubrimos que los precios de las materias primas fluctúan, no según los mercados internos o externos, sino de la mano que las libera hacia el mercado negro.
No debe ser bueno el desabastecimiento material debido a la inflación de los precios en el único proveedor que existe: el estado sacrosanto. Ante la disyuntiva de dejar de producir o seguir adelante los pequeños productores de bienes y servicios, estrenados en dueños de sus ínfimas fortunas, prefieren voltear el rostro y comprar los insumos sin mirar su procedencia. Así se preparan, además, para la desleal competencia de mañana.
De nada valen los artículos y reportajes aparecidos en la prensa diaria (y única) animando al cuentapropista a poner en claro sus cuentas, a un mejor trato al cliente y sumarse a una economía nacional que intenta refosilizarse, perfeccionarse y apretar sus cadenas a un corsé de lineamientos impuestos como mandato único de salvación.
Una empresa criolla de tecnologías de la información (CITMATEL) desarrolló un software para permitir el registro de datos personales, calcular impuestos y otros, aplicables al trabajo por cuenta propia, y por supuesto, no está mal. Claro, que han comenzado a venderlo al precio de 250 pesos cubanos, unos 12 dólares, con la dificultad agregada que es muy baja la tasa de trabajadores del sector privado que posee un ordenador, y según anunciaron, su licencia caduca a los doce meses. No es que sea bueno o malo en sí mismo, sino para qué, para quiénes es positivo o negativo lo que está sucediendo si continuamos hipotecando el futuro
