La adhesión genuflexa al chavismo del máximo órgano judicial de Venezuela, expresada esta semana por boca de su propia presidenta, Luisa Estella Morales, es la prueba más contundente del vergonzoso sometimiento de la Justicia de ese país a los dictados y caprichos del gorila Hugo Chávez.
Al inaugurar el año judicial, y ante la atenta mirada del pichón de déspota Nicolás Maduro, titular del gobierno “mau” que actualmente rige en Venezuela, la presidenta del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) señaló que “como Poder Judicial asumimos continuar construyendo un Estado democrático social, de derecho y de justicia, el socialismo bolivariano del siglo XXI en Venezuela”.
Y para ratificar su profesión de fe en el chavismo, Morales sostuvo que un siglo y medio después de la batalla emancipadora liderada por Simón Bolívar, Venezuela conquistó su independencia política basada en “la dignidad y la conciencia” de un pueblo que “ha superado la hegemonía neocolonial”.
Como para dejar bien satisfechos a sus patrones Chávez y Maduro...
Esta flagrante muestra de sometimiento al autócrata y al engendro ideológico que este creó para atornillarse en el poder durante todo el tiempo que pudiera, es una grosera demostración de servilismo que ni siquiera en los peores regímenes despóticos se llegó a expresar de una manera tan vehemente.
Aun en nuestro país, durante los aciagos años de la dictadura stronista, los máximos exponentes de la Corte Suprema de Justicia se cuidaban de formular expresiones de tan impúdica zalamería. Desde luego, sus componentes dictaban las sentencias que el tirano les ordenaba, comportándose en la práctica como sus lacayos, pero al menos intentaban salvar las apariencias cuando más no sea para que en el exterior no quedara la impresión de que la preponderancia del Ejecutivo sobre el Judicial era tan manifiesta.
Ante la pública confesión de la presidenta del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela, no es pues de extrañar que ese órgano haya avalado la abierta violación de la Constitución de Venezuela para que Hugo Chávez pudiera continuar ejerciendo sine die la Presidencia de su país de manera ilegal. De hecho, el artículo 232 de la Carta Magna prescribe claramente que: “El candidato elegido o candidata elegida tomará posesión del cargo de Presidente o Presidenta de la República el diez de enero del primer año de su período constitucional, mediante juramento ante la Asamblea Nacional”.
A pesar de ello, la hoy confesa ministra chavista anunció el pasado 9 de enero que la juramentación del gorila Chávez –ausente de Venezuela desde hacía un mes por estar sometiéndose a tratamiento oncológico en Cuba– podía “postergarse” y el Poder Ejecutivo “continuar” en ejercicio de sus funciones. ¡Insólito! Pero ahora, a la luz de lo expresado por la señora presidenta del Tribunal Supremo, es fácil deducir el grado de “independencia” que primó en la decisión de ese máximo órgano judicial.
Cabe recordar que en su artículo 3, la Carta Democrática Interamericana, de la cual Venezuela es signataria, establece que: “Son elementos esenciales de la democracia representativa, entre otros, el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales; el acceso al poder y su ejercicio con sujeción al estado de derecho; la celebración de elecciones periódicas, libres, justas; el régimen plural de partidos y organizaciones políticas; y la separación e independencia de los poderes públicos”.
Es más, incluso la propia Constitución venezolana, en su artículo 254 consagra que: “El Poder Judicial es independiente y el Tribunal Supremo de Justicia gozará de autonomía funcional, financiera y administrativa”. Sin embargo, todos estos principios fueron negados de forma total por la misma presidenta del máximo órgano judicial de Venezuela, al declararse públicamente al servicio de la ideología entronizada por Chávez como verdadera.
Hace ya bastante tiempo que el mundo entero sabe que en Venezuela no rigen ni remotamente la independencia y el equilibrio entre los poderes del Estado. Todo, absolutamente todo lo que allí acontece responde a la voluntad omnímoda del tirano que hoy agoniza en un hospital de Cuba.
Sin embargo, es útil que exabruptos y exaltadas declaraciones de fidelidad a una ideología oficialista como las formuladas por la presidenta del Tribunal Supremo de Justicia se produzcan, para que el mundo entero sepa de qué clase de “democracia” hablan algunos cuando se refieren al régimen que desgraciadamente está oprimiendo a la hermana nación sudamericana desde hace ya 14 largos años.