Por Jaime Leygonier.
La Habana, 21 de mayo.- Desde los años 90, los vecinos de La
Habana ven ocasionalmente -en plena vía pública- el espectáculo de
peleas de perros; y cotidianamente, el entrenamiento de perros para
esos eventos, motivo de disgusto para muchos -particularmente las
señoras- y de indiferencia para otros, particularmente los policías.
Cualquier calle de barrio o parque algo retirado, sirve para que
un grupo (casi siempre de desocupados) se reúna a pelear perros,
y la policía del área no actúa por negligencia y por miedo.
Los dueños de estos perros, de raza inconfundible por sus
grandes mandíbulas y cabezas, los hacen correr atados a sus
bicicletas por cualquier calle o parque mordiendo sacos.
Quien escribe, vio entrenar a un perro cuyo amo le ordenaba
sostenerse en vilo agarrado por la mordida, a un saco que había
colgado de la rama de un árbol, en uno de los parques de Agua Dulce
y Diez de Octubre, La Habana, a la vista de una estación policial;
mientras cinco policías, desde el otro lado de la calle Vía
Blanca, contemplaban indiferentes el desagradable espectáculo.
La loma de la iglesia de Jesús del Monte, ubicada en la barriada de
Luyanó, es uno de los sitios donde con relativa frecuencia se
conciertan estas peleas, que reúnen durante media hora entre
20 y 80 apostadores, aficionados y niños curiosos. Allí, se llevó a
cabo una de esas peleas el domingo 19 de mayo, a las 12 meridiano.