Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.
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Para Eva Braun, Adolfo Hitler era un patriota alemán que luchaba por la
grandeza de su país. Clara Petacci amaba tanto a Mussolini, le parecía
un hombre tan virtuoso y tierno, que prefirió ser fusilada junto a él que continuar
viviendo tras su muerte (hasta hicieron el amor la noche en que los mataron).
Si uno escucha y cree a los hijos de Khadafi o a los nietos de Trujillo, puede
llegar a pensar que el tirano libio o aquel dominicano sanguinario eran la
imitación perfecta de la Madre Teresa.
A Mariela Castro le ocurre lo mismo. Ha renunciado a la objetividad.
Como sus padres fueron razonablemente afectuosos dentro de la casa, y
como le dieron todo lo que quería, incluido el privilegio de celebrar su fiesta
de quince en Europa, algo impensable en un país menesteroso, ella ha elegido
ignorar que Raúl Castro es un dictador responsable de numerosos
crímenes y de constantes violaciones de los derechos humanos, continuador
de una dinastía militar puntillosamente incompetente que lleva más de medio
siglo de fracasos y atropellos.
En el caso de Mariela Castro la contradicción es más hiriente porque su
estructura psicológica no es la de una fanática inflexible. Su fanatismo es estratégico. Mariela es tolerante con las preferencias sexuales e
intolerante con todo lo demás. Si una persona quiere expresar libremente
su homosexualidad o su transexualidad, le parece una causa justa y la
defiende a viva voz. Pero si ésa u otra criatura pretende expresar libremente
sus creencias políticas o una visión de la realidad social diferente a la que
postula la dictadura, inmediatamente la califica como mafia o escoria y justifica
que la aplasten. Para ella, la libertad y la coherencia emocional son algo muy
específico situado al sur del ombligo.
En todo caso, ¿qué hace Mariela Castro de gira por Estados Unidos
acompañada por sesenta figurantes, entre los que abundan los policías?
Por ingenuo que parezca, con la ayuda de algunos elementos muy radicales
del ala extremista del partido demócrata, la que se mueve en torno a la revista The Nation, intenta seducir políticamente al presidenteBarack Obama respaldando el matrimonio gay, mientras trata de crear una red de apoyo al gobierno de su padre por medio de la coalición conocida como LGTB (lesbianas, gays, transgéneros
y bisexuales).
Para los servicios de inteligencia de Cuba, que son el cerebro y el brazo
ejecutor de la política exterior de La Habana, el camino de LGTB, aunque les
repugne en su fuero interno, porque ésa sigue siendo una dictadura
machista-leninista, es el único que le queda por explorar para tratar de
ablandar a un presidente que no ha levantado el embargo, ni liberalizado
los viajes de los norteamericanos a la Isla, ni puesto en libertad a los cinco
espías apresados hace más de una década, y ni siquiera ha eliminado
a Cuba de la infamante lista de países terroristas.
Es verdad que, desde la perspectiva de la dictadura, Obama, como no se
cansa de repetir Fidel Castro, ha sido una total frustración, pero para La
Habana sería mucho peor si en los próximos comicios Mitt Romney se alza
con el triunfo y los republicanos vuelven a la Casa Blanca, lo que explica que
Mariela haya revelado la verdad de su juego: si ella fuera norteamericana, dijo,
votaría por Obama. A decir esa contraproducente tontería ha viajado a Estados
Unidos.
No obstante, el establishment cubano-americano del partido demócrata,
totalmente centrista y moderado, muy lejos del extremismo de The Nation, no
se va dejar engañar por la estrategia de la policía política castrista. Es
demasiado burda. El influyente senador Bob Menéndez, el congresista Albio
Sires, Joe García, el ex embajador Paul Cejas, entre otros notables personajes,
y no Mariela Castro, son los que ayudan a la Casa Blanca a definir la política
hacia Cuba, y así seguirá ocurriendo. Si Obama gana, será malo para la
dictadura. Si gana Romney, será peor. La dictadura pierde siempre.
*Periodista y escritor. Su último libro es la novela La mujer del coronel.
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