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Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.

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Se deteriora estado de salud de Cubanoamericano preso en Cuba

 

Por Frank A. García y Roberto J. Guerra/
Hablemos Press.

LA HABANA, 19 de agosto.- José Michel
Ceballos Solís un ciudadano cubanoamericano
que recibió siete impactos de bala por
Guardacostas cubanos, describió el miércoles
en una conversación por teléfono como
ocurrieron los hechos, así como el crítico
estado de salud en que se encuentra.

Solís, de 40 años de edad, ahora recluido en una sala del Hospital
Nacional de Internos (HNI) de la cárcel Combinado del Este, en
La Habana, afirma que él y Reynaldo Santos Díaz, ambos
ciudadanos cubanoamericanos fueron detenidos en el año 2000 a
14 millas de las costas cubanas.

“Nosotros estábamos pescando cuando uno de los motores de la lancha
se averió y quedamos a la deriva; llevábamos dos días en altamar, ya
habíamos recibido la respuesta del SOS del servicio de Guardacostas
Americano que nos rescataría”, explicó Solís, quien lleva 13 años
recluido en la isla.

Contó que cuando una lancha de las Tropas Guarda Fronteras cubanas
les dio el alto, “Santos sacó su revólver para lanzarlo al mar,
pero automáticamente comenzaron a dispararnos”.

“Nos disparaban desde la lancha, pero también había un helicóptero
verde que echaba mucho humo prieto, que fue el que más daño causó
a mi embarcación; aquello era un infierno, a Santos le dieron un tiro
en la columna, yo recibí siete heridas de bala, en la pierna y el brazo
izquierdo; también recibí un disparo en el rostro, que me ocasionó
cinco fracturas en la mandíbula”, aseguró.

La embarcación fue llevada para la provincia Matanzas; Santos y
Solís fueron llevados al Hospital Provincial, donde los operaron a
consecuencia de las heridas de bala recibidas. Posteriormente los
trasladaron a la Dirección Provincial de la Seguridad del Estado en
esa provincia, dijo Solís, con la voz muy tenue, aquejada por varias
enfermedades.

“Nos acusaron de Tráfico Internacional de Personas. En una sala
del Tribunal, ubicada en 100 y 33, perteneciente al municipio
Marianao, en La Habana, nos juzgaron”. Santos “fue condenado a
10 años de privación de libertad y yo a 20”.

Santos cumplió su sanción, y en estos momentos se encuentra en
los Estados Unidos; mientras Solís, quien todavía está recluido,
sostiene que su salud se deteriora por días.

“Padezco de varias enfermedades crónicas, pero además, en los
últimos meses he sufrido dos infartos cerebrales; la presión arterial
no me baja y el único tratamiento que recibo es a base de Duralgina”,
agregó.

Al preguntarle porque las autoridades carcelarias no le habían dado
una licencia extrapenal o la libertad condicional, respondió: “Ellos
(las autoridades) me quieren obligar a que firme la repatriación.
Dicen que si la firmo me van a dar los beneficios. Me están chantajeando,
y yo no voy a renunciar a mi país bajo ningún concepto”.

Actualmente Solís se encuentra ingresado en la Sala B, cama 16 en
el HNI. Osvaldo Rodríguez Castillo, un prisionero político que se
encontraba ingresado en esta misma sala dijo que conoció a Solís
allí y afirmó: “su estado de salud no es bueno, este hombre se va a
morir aquí en cualquier momento”.

No fue posible confirmar con la Fiscalía la versión oficial de los
hechos ocurridos en el 2000. Las autoridades no dan acceso a
documentos solicitados por la prensa independiente.

“Yo solo sé que en el juicio había una mujer que aseguraba que
nosotros veníamos a recogerla; que sus hijos habían pagado para
eso, pero yo nunca en mi vida había hablado, ni con ella ni con sus
hijos. Realmente nos juzgaron por una ley que el régimen a inventado
y que aplica a muchos ciudadanos que se llama convicción moral”.

Solís recibe visitas de sus familiares cada 8 o 10 meses, ninguno de
ellos reside en Cuba.

La familia de Solís abandonó la isla en el año 1975, cuando éste sólo
tenía 2 años de edad. Antes de ser arrestado residía en el número
705 Antelope Way, Kissimmee, Orlando, Florida; donde tiene dos
hijos, Luis Ceballo, de 23 años de edad, y Ninoska Ceballos de 24.
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